La casa del árbol del Muro

Hubo un tiempo en que Alemania tenía, no dos estados y dos políticos diferentes sino tres

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Hubo un tiempo en que Alemania tenía, no dos estados y dos políticos diferentes sino tres. Solo que uno medía 350 metros cuadrados, era un huerto, y su único habitante era un turco tozudo como un mulo que se llamaba Osman Kalin. Acaba de morir en Berlín, no hace mucho, y de ahí este recuerdo a este guerrero de la fría que guerreaba contra los dos bloques a la vez.

Todo fue producto de un descuido cartográfico. Cuando se levantó el muro de Berlín, en 1961, los ingenieros hicieron un trazado recto donde tenían que haber hecho un ángulo, con lo que un terreno perteneciente al barrio comunista de Mitte quedó del lado del barrio capitalista de Kreuzberg, muro por medio. Propiedad de la Alemania Oriental, nadie podía poseerla en la Alemania Occidental, así que durante años los vecinos lo usaron para lavar sus coches y como basurero. Toda una metáfora de aquellos años de conflicto y coexistencia entre dos sistemas entre los que no había otra cosa que un vertedero y una manga-riega.

Hasta que, en 1980, a Osman Kalin, que había llegado de Turquía con mujer y seis hijos se le metió en la cabeza limpiar el lugar y hacerse allí un huerto. Plantó cebollas, ajos, tomates, melocotones y unos girasoles que llegaron a ser tan altos como el Muro que dividía Europa. Al principio, los soldados del Este sospecharon que era un espía preparando rutas de escape, pero acabaron considerándolo inofensivo y solo le prohibieron que se acercase a tres metros del Muro. Incluso terminaron haciendo amistad: Osman les regalaba ajos, y ellos botellas de vinos que el musulmán no se bebía. Osman también tuvo problemas con la policía de Alemania Occidental, pero no podían hacer nada porque el terreno estaba técnicamente en otro país. También a ellos les obsequiaba con los productos de su huerta. Eran los años de la Perestroika y ahora la coexistencia entres los bloques parece ser que oía a ajo y cebolla.

Osman plantó un árbol, se hizo una casa y hasta le dio una dirección postal imaginaria: Bethaniendamm n.º 0. Las mujeres de la comunidad se aprovisionaban allí de hortalizas, y los punkis radicales de Kreuzberg le bautizaron la casa de grafiti y luego le adoptaron como símbolo de rebeldía. Das baumhaus an der Mauer, la casa del árbol del Muro era una especie de «tercera vía» utópica. Aunque también ese tercer sistema tenía sus problemas. El huerto era caótico y el árbol, una especie invasiva y recalcitrante, crecía y crecía sin control, amenazando siempre con destruir la casa.

La caída del muro de Berlín tuvo muchos significados distintos para cada uno. Para Osman Kalin fue, paradójicamente, un problema. Su sueño personal estaba amparado, precisamente, por la división de bloques. Al desaparecer el Muro, su huerto dejaba de estar en el barrio de Kreuzberg, y pasaba a estar en el de Mitte, donde nadie le conocía de nada porque nunca le habían visto. A los vecinos del recién unificado Berlín Este, Osman les parecía un vagabundo y su huerto un estorbo en medio del barrio. Solo una campaña de protestas logró que el ayuntamiento se doblegase y tomase la histórica decisión de modificar las fronteras internas de Berlín e incluir el huerto de Osman, esta vez ya de manera oficial, en el barrio de Kreuzberg. La casa del árbol se convirtió en una atracción turística.

Se dice que últimamente no andaba muy contento, sin embargo. El árbol incontrolable le quitaba el sueño. Seguía peleándose con él como un caballero con un monstruo. Su hija cree que, en realidad, ese árbol era él mismo en forma de árbol: incapaz de ajustarse los límites y las fronteras, a las líneas trazadas en los mapas.

Autor Miguel-Anxo Murado Escritor y periodista

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