Trump no cambia


El presidente estadounidense, Donald Trump, sigue fiel al papel que encarnó en el pasado como presentador del programa de TV El aprendiz, en el que se hizo popular por sus desaforadas broncas a concursantes o aspirantes. Nada parece haber cambiado desde entonces, a pesar de haberse convertido en el presidente de los Estados Unidos de América. Sus exabruptos así lo acreditan. Lo mismo acusa a sus aliados de «robar» a EE. UU. que los amenaza con toda clase de rupturas o adversidades. Se presenta en las reuniones como quiere y acaba comportándose como una apisonadora o, en el mejor de los casos, como un simple maleducado. Así se ha ido metiendo con casi todos (Theresa May, Angela Merkel, Emmanuel Macron, etcétera) y, quizá por ello, ya nadie se lo toma en serio. Incluso hay quien lo comprende y dice que es su forma de autoafirmarse.

Pero, ¿y los riesgos? A todos los presidente de Estados Unidos los ha entusiasmado dedicarse a la política exterior de su país. A Trump, no. El presidente americano no parece tener una simpatía real por ningún líder extranjero, excepto por el ruso Vladimir Putin, al que ya anhela ver de nuevo. ¿Por qué sucede esto? Según el prestigioso politólogo Archie Brown, lo que le ocurre a Trump es que está desesperado por ganarse el respeto de todos, sin darse cuenta de que «fuerte no es sinónimo de buen líder». De hecho, Trump, el fuerte, está cometiendo un error tras otro, como si no quisiese evitarlo.

El Nobel de Economía Paul Krugman, que le ha dedicado ya docenas y docenas de artículos, sostiene que Trump despotrica de las injustas prácticas comerciales de otros países, «pero no ha formulado ninguna petición coherente». Por ello, nadie sabe a ciencia cierta cómo satisfacerlo, y esto sucede quizá porque él solamente desea la opción de «tomar represalias».

De este modo, habla como quien quiere una guerra comercial. ¿Es fanfarronería o es una vocación de lucha real? Ni se sabe. Porque su fantochería es así de equívoca.

Pero, como bien subraya Krugman, son muchos los que temen que «no aceptará un sí por respuesta» y que, en consecuencia, un día nos podemos encontrar empitonados. Porque el presidente Trump sigue en campaña y no para de atizar confrontaciones.

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