El tablero estaba dispuesto. Las piezas empezaban a moverse. Puigdemont se movía por un flanco. Ciudadanos por el otro. Y el resucitado PP desplegaba una ofensiva inmisericorde liderada en el Congreso por el verbo ácido y las intervenciones incisivas de su portavoz parlamentario, Rafael Hernando. Enfrente, parapetado en su inmensa minoría, el Gobierno acumulaba sacos terreros, desplegaba rollos de alambre de espino y contraatacaba con pirotécnicos golpes de efecto para ganar tiempo. Pero llegó Pablo Casado, ese escenario cambió, y Twitter, a su peculiar manera, lloró. La red social se llenó ayer de mensajes de despedida para Rafael Hernando, relevado como portavoz popular por la exministra Dolors Montserrat. Hubo muchos de odio, otros de reconocimiento. Y destacaban los que apostaban por la ironía, decían que la política iba a ser menos «entretenida» y despedían a un político duro entre los duros, mordaz y polémico hasta la impertinencia, con entrañables imágenes de gatitos.

Hernando, especialista en provocar incendios dialécticos, fue el hombre que ejerció de escudo de Rajoy. Y supo retirarse por todo lo alto. Horas antes de que se conociera su relevo, logró su penúltimo trending topic con una jugada maestra: acusó a la cúpula de RTVE nombrada por el PP de manipular contra el PP.

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La última carga de Hernando