Entre Fernández y Sánchez


Pedro Sánchez y Javier Fernández se saludaron esta semana en la reunión oficial que tuvieron en La Moncloa como si fuesen de partidos diferentes. En realidad pertenecen al mismo, lo han dirigido en los últimos tiempos y deberían ofrecer una mínima sintonía, si no personal, que no la puede haber por la conflictiva destitución de Sánchez, sustituido por Fernández, si al menos de gobernantes.

El frío saludo a la puerta del palacio madrileño fue el remate a una relación política que ha ido enfriándose y que acabará en mayo próximo cuando Fernández se despida del cargo y se retire discretamente. Con independencia de las discrepancias sobre si las minas de carbón deben cerrar el año que viene o dentro de cinco y si las térmicas han de dejar de ser operativas ya o mantenerse activas unos lustros más, Sánchez y Fernández han venido representando dos maneras de entender el socialismo nada coincidentes.

A la figura hidalga, osada, tercamente emprendedora de Sánchez se contrapone la actitud reflexiva, ponderada y poco amiga de concesiones alegres a la parroquia electoral de Fernández. Uno ha vencido todos los inconvenientes -¿o las zancadillas?-, mayores en su partido que fuera, hasta alzarse con un minoría exigua e insegura con la presidencia del Gobierno. El otro, también apretado por el escaso respaldo parlamentario, ha resistido con prudencia y sin grandes ni pequeñas propuestas, dejándose ir hasta la retirada final. Para muchos españoles Sánchez es un tipo flexible y adaptable a las circunstancias pero siempre peleón y Fernández un referente estático del socialismo caduco de González, lo que gusta más a la derecha que lo percibe como una persona de fiar, poco dado a concesiones con los nacionalistas y contrario a conchabar soluciones irrealizables y complejas con esa amalgama de partidos a la izquierda del PSOE.

Por todo ello la reunión de esta semana no pudo ser agradable en absoluto. A Sánchez lo único que le preocupa ahora es resistir mientras pueda para acumular puntos antes de las elecciones próximas y Asturias es tan pequeña que resulta casi irrelevante desde ese punto de vista. Y a Fernández le dan más o menos igual los próximos comicios porque su partido está controlado por sus antagónicos, va a pasar a la reserva y sus modos serán olvidados en cuanto abandone el palacio presidencial. Visto así lo único importante de esa reunión, si es que de verdad hablaron de ello, es que, de una vez acaben la variante de Pajares.

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