¿Por qué?


El planeta nos tiene miedo. Todo ser no manipulado huye de nosotros. Nosotros mismos nos asociamos en clanes criminales. El clan exterminador número uno es el que arrampla con todo el dinero. Él es el que, a semejanza de Auschwitz, situó en Maratón los hornos crematorios en los que carbonizó a decenas de griegos la última semana. Él fue quien asesinó a millones de hombres desde 2008 en Oriente y Occidente, en el Norte y en el Sur (en España, no menos de doscientos mil). Él es el azote del planeta y de todas sus especies.

Otro clan exterminador es el que exhibe la superioridad de la raza. Los sapiens ante los neandertales. Los egipcios ante los nubios. Los babilonios ante los judíos. Los romanos ante sus conquistados. Los germanos, incluidos los británicos, ante los suyos de todo el orbe. Los españoles ante los indígenas americanos. Los turcos ante los armenios. Los rusos ante los polacos. En todo lugar hay alguien mejor y alguien peor.

Bandas criminales recorren Cataluña protegidas por los Mosos (y por Pedro Sánchez) hostigando a los librepensadores. Son renacidos falangistas con disfraz de protectores de la república. Son hermanos del sandinista Daniel Ortega, que está de caza en Nicaragua. Sus líderes, Carlos Puigdemont y Joaquín Torra, han resucitado la épica del Führer, que sopla fuerte en Europa. Matteo Salvini ha pasado de la palabra a la obra: ahogamiento de negros en el cementerio del Mediterráneo, expulsión de gitanos…

Aquellos y otros (los de ERC y la CUP, los de Ómnium y ANC, alimentados con los fondos para el bien común) han arrebatado los lazos amarillos a los chinos que se atreven a retar al genocida Xi Jinping. Pero son lazos-soga, símbolos de lo que les espera a quienes se nieguen a ser evangelizados. Lo de siempre. La Historia giratoria.

A la vista de quiénes somos, ¿por qué me han traído de donde en breve habré de regresar aetérnum?

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