PP y PSOE, ¿quién va ganando?

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Tenemos dos partidos, PP y PSOE, con una meta común: revertir la intensa hemorragia que vienen sufriendo y ganar las próximas elecciones. El objetivo del PSOE consiste en recuperar parte de los seis millones de votos evaporados en diez años. Y mantener el Gobierno. El objetivo del PP consiste en recobrar parte de los tres millones de votos esfumados en siete años. Y reconquistar el Gobierno. 

Mismo objetivo, pero estrategias contrapuestas como corresponde a quien ostenta el poder y a quien aspira a recuperarlo. La del PSOE radica en resistir el máximo tiempo posible, dar respuesta a algunas demandas sociales y, si no es posible, exhibir en el escaparate lo que haría si gozase del apoyo parlamentario que no tiene. La del PP persigue el acoso y derribo inmediato de Pedro Sánchez, utilizando para ese fin tres arietes. El primero, su deslegitimación por haber entrado en la Moncloa por la puerta trasera. El segundo, la catadura política de sus supuestos aliados. El tercero, la oposición y bloqueo parlamentario para poner en evidencia su fragilidad.

El primero de tales argumentos tiene escaso recorrido -en realidad creo que ya está agotado- y los otros dos son contradictorios y se repelen entre sí. No se pueden usar simultáneamente. Si Pedro Sánchez logra sacar adelante alguna iniciativa de calado, lo descalificamos por sus espurios compañeros de viaje. Si fracasa, como ocurrió con la votación sobre la senda de déficit, obviamos que los separatistas votaron en el mismo sentido que el PP y resucitamos la perentoria consigna aznarista del «¡váyase, señor Sánchez!».

Pero esa estrategia del bravucón -le hago morder el polvo y el público, puesto en pie, prorrumpe en aplausos entusiastas que llenarán de votos mi morral- tiene un flanco débil. Puede suceder que muchos ciudadanos, en vez de jalear cada derrota parlamentaria de Sánchez, se sientan agredidos personalmente. Tal vez se pregunten, por ejemplo, por qué la derecha, en su afán por noquear al presidente en el primer asalto, le quita a las comunidades autónomas un balón de oxígeno de 2.500 millones. O por qué se empecina en volver a la austeridad, toda vez que Bruselas ya ha retirado el aceite de ricino. ¿Simplemente para golpear al intruso Sánchez en el rostro de los españoles?

Las propias prisas por derribar al inquilino de la Moncloa son síntoma de la debilidad de la oposición. Si tan nefasto y vendepatrias les parece el usurpador, ¿por qué no dejarlo que se cueza una temporada en su propia salsa? Les diré el porqué: por miedo a que se consolide y se lleve el agua a su molino. Por el íntimo convencimiento de que el poder también desgasta -Andreotti le añadiría un «sobre todo»- a quien lo ha perdido.

PP y PSOE mantienen dos estrategias enfrentadas. Su éxito o fracaso lo dictarán las urnas. Entretanto, ¿cuál va ganando? Habrá que preguntárselo a la jueza pitonisa de Lugo. El último sondeo de Metroscopia indica que el PSOE aventaja en 2,2 puntos al PP. Pero no quiero precipitar una conclusión al respecto, porque no creo en el tarot y tampoco mucho en la demoscopia.

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