Una historieta de TBO


Si la familia de Franco se niega a hacerse cargo de sus restos, que están en el Valle de los Caídos, ¿por qué tenemos que custodiarlos los que no tenemos interés alguno en ellos? ¿Qué compromiso tenemos usted y yo con el dictador, ni con sus descendientes, para que estén en un lugar en el que, salvo Maroto y el de la moto que son los que se manifiestan, no queremos que estén? ¿Tenemos firmado algún compromiso de cuidar de lo que queda del verdugo? Pues entonces, si ni la familia los quiere, habrá que actuar con la contundencia que el caso requiere.

Ya aguardamos demasiado y hemos tenido bastante que escuchar y soportar de los herederos del general bajito, como para que ahora nos chafen el desalojo. Se les ha dejado opinar en una cuestión que no es opinable, porque habitualmente las familias tienen poco que decir ante el traslado o desaparición de sepulturas. Más bien, nada. Ocurre, por ejemplo, cuando finaliza el plazo de una concesión. Se trasladan los restos y se informa de ello, por si quieren hacerse cargo y llevárselos a un lugar determinado o de lo contrario van al osario. Y ya puede la familia decir lo que le venga en gana. Y si lo de la familia tiene escaso sentido, la postura de Santiago Cantera, prior del Valle, incluso con amenazas, es un episodio propio de una historieta del TBO. Claro que hay que entender que se le acaba la manduca. Tenemos unos problemas de mala conciencia que son para hacérnoslos mirar. Y la cosa va en aumento. Ahora resulta que el país está enfrascado en una polémica sobre qué hacer con los restos de un personaje que ocasionó decenas y decenas de miles de muertos, muchos de ellos todavía vagando por las cunetas de nuestras carreteras. Y estamos como muy sensibilizados, no vaya a ser que los nietísimos se nos cabreen y denuncien por profanación de tumbas. Que lo mismo no lo hacen porque están muy ocupados. Carmencita, vendiendo su vida privada. Y Francis arrastrando la condena de treinta meses por arrollar con un todoterreno a dos guardias civiles. Un ejemplo para que nos den lecciones de respeto. Y que nos hablen de dignidad.

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