Cambia, todo cambia


Hay un cálculo que manejan muchos expertos en recursos humanos que dice que casi el 70% del empleo que habrá dentro de veinte años hoy no existe. Es un dato escalofriante. Por una parte, parece augurar un nuevo ciclo, marcado por retos que en la actualidad no tenemos presentes, pero por otra parte denota que esa concepción de heredar una profesión o de formarse para una labor concreta ha dejado de tener sentido. Hasta hace no poco una persona podía presumir de pertenecer a la tercera o cuarta generación de una carpintería o de una relojería, al igual que alguien que comenzaba desde muy joven en una mina o en un taxi tenía más o menos resuelto el tema laboral.

Las protestas que hemos visto estos días de los taxistas, principalmente en Madrid y en Barcelona, contra los VTC, es un ejemplo de lo que quiero decir. El cambio de rumbo lo hemos experimentado lo periodistas, con el cierre de numerosos periódicos y el afloramiento de diarios digitales; lo viven los libreros y otros negocios locales con Amazon; el acceso a ver películas en internet terminó con los videoclubs; Correos nota que su facturación se ha mermado por culpa de los e-mails; y ahora nos encontramos en un maremagnun de aplicaciones que están sirviéndonos para gestionar y experimentar todo lo que necesitamos a través de un móvil. Se ve con los ‘rider’ que andan por Oviedo con la bolsa de Glovo cómo de la noche a la mañana un concepto que no teníamos familiarizado se va metiendo poco a poco en nuestras vidas.

A mí es verdad que algunas cosas me cuesta aceptarlas. Nunca pensé que algo del tipo ‘blablacar’ pudiera tener éxito. Con lo desconfiada que es la gente, o al menos en principio, me asombra que el conductor acepte llevar a personas que no conoce y esos a su vez se metan en un vehículo poco menos que a ciegas. Pero triunfa, y todo el mundo que conozco que lo ha probado ha repetido más de una vez. Esta manera de comportarnos y de actuar tiene consecuencias. Es ahí donde uno creo que tiene que valorar qué le conviene. Estamos en un mundo muy egoísta y pocas veces pensamos en el bien común, por lo que se opta por la manera más satisfactoria para uno, que lamentablemente puede ser la peor para un mayor número de gente.

Como persona a la que le encanta la tecnología, las redes sociales y la comunicación en sus diferentes modalidades, reconozco que algunas tendencias me resultan complicadas de seguir. Hasta la fecha no he comprado un libro, ropa o comida por una aplicación. He necesitado ir a una librería, a una tienda y a un supermercado. No me pasa lo mismo con los viajes: yo ya no voy a una agencia a reservar hoteles y vuelos. A veces uno por mucho que no quiera se ve obligado a cambiar, porque todo cambia.

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