Tiempos más oscuros en Irán


Hace un año, una amiga no podía dejar de piropear a los iraníes tras un viaje por el país persa. Su descripción estaba muy alejada de esa idea preconcebida que se tiene en Occidente. La llegada de los ayatolás en 1979 trajo consigo el riguroso islam impuesto por el clero chií gobernante, y las mujeres fueron las primeras víctimas. Heroínas como la activista Masih Alinejad denuncian a diario en Twitter la falta de libertades sociales a las que se enfrentan los iraníes. Y sobre todo las iraníes. A menudo cuelga vídeos de chicas deshaciéndose del velo y mostrando su pelo al aire en una calle de Teherán. Con ello se juegan la cárcel, aparte de los insultos de algún viandante. La sociedad iraní es una de las más jóvenes del mundo (la edad media no supera los 30 años). Muchos de ellos veían en el reformador Rohaní y el levantamiento de las sanciones un trampolín hacia una vida mejor. Pero ese sueño hace tiempo que se esfumó. De vez en cuando se atreven a salir a las calles para denunciar sus penurias, mientras el régimen se gasta el dinero en guerras como la de Siria. Otros han optado por emigrar. Trump ha puesto otro palo en la rueda de los iraníes que luchan por revertir ese tiempo de oscuridad. Las sanciones solo traerán más pobreza, mientras los ayatolás se concentrarán en cómo no perder del poder.

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