Sigamos en la lucha


Millones de personas en el mundo pusimos nuestros ojos en el Senado argentino con la esperanza de que el país dijera adiós a la ley vigente sobre el aborto, que data de 1921, y que se reduce a permitirlo para casos de violación o riesgo de vida para la madre. 97 años después de una norma que imagino que era avanzadísima en su época se ha quedado obsoleta por las presiones religiosas. El país del Papa Francisco, y concretamente 38 senadores frente a 31, han perpetuado un delito penado con hasta cuatro años de cárcel, a pesar de que hay cálculos que dicen que cada minuto y medio una mujer aborta sin ninguna garantía y de manera clandestina.

Decisiones de este tipo creo que suponen un enorme retroceso en derechos para las mujeres, pero afortunadamente su poder va creciendo y siendo más determinante. Es verdad que los cambios no se producen de un día para otro y que algunos cuestan muchísimo llevarlos a cabo. En Latinoamérica, a excepción de Cuba y Uruguay, el aborto no es un derecho. Las mujeres argentinas no deben rendirse aunque esta situación sea dolorosa. Levantarse y seguir luchando es el camino que deben hacer para revertir lo ocurrido. No me cabe la menor duda de que lo harán. Las mujeres lo demuestran cada día en nuestros entornos familiares, laborales y sociales. Y es magnífico que así sea y una vergüenza que el machismo perviva en las mentes de muchísimas personas.

Por suerte, el feminismo tiene a activistas muy movilizadas y sus mensajes llegan y calan, pero no es menos cierto que hay una parte importantísima de la sociedad que mira para otro lado u opta por apoyar en mayor o menor medida la desigualdad entre mujeres y hombres. Me gusta el lema de que la revolución será feminista o no será. Por todo lo bueno que engloba esa fantástica palabra, caminemos todas y todos por un mundo mejor a pesar de las dificultades que se nos pongan delante. ¡A por ello!

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