¿Instagram nos vigila?


Todos sabemos que cuando accedemos a una red social estamos abriendo una puerta difícil de cerrar. Ganamos likes y amigos y perdemos privacidad, por muchos filtros que le pongamos al ángulo de apertura. A veces nos preguntamos cómo esto ha acabado aquí o aquello allá. Y siempre recibimos una respuesta muy dulce. Las dichosas cookies delatan nuestros pasos por la Red y se quedan con información muy valiosa que nos escupen a la cara en el momento menos pensado. Pero lo que cuenta Carme Chaparro es ir más allá. Es que alguien abra nuestra casa, eche un vistazo a nuestra decoración y luego nos regale algo similar a lo que teníamos en la mesa del salón. Seguro que acierta, que la elección es buena, porque ha ido a tiro fijo. Esto que a priori nos parece un robo con allanamiento de morada podría quedar en un «pero, ¿si tú me diste la llave?». Porque cuando Instagram nos pregunta si puede acceder a nuestro carrete y ubicación, aunque lo primero que pensemos es que la conformidad es el paso previo a subir una foto de nuestra galería a la red social, podría implicar que va a hacer uso de lo que encuentre para lo que más le convenga. Como parece que así ha sido. La periodista fotografió un tarro de crema, y minutos más tarde, sin acceder a ninguna página web ni compartirla en ninguna red, el bote apareció en un anuncio en su Instagram. ¿Será que nos vigila?

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