Otra vez, sí al aborto

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En la campaña previa por la legalización del aborto en Argentina lo más extraño fue recordar que el aborto no era legal en Argentina. La visión intuida de ese país chocaba con una anomalía legislativa que han ido superando justo los países de la Tierraju, en los que los derechos son bienes transversales y no privilegios de clase.

Votada ya la ley, el sopapo de los 38 que con su voto permitirán que 43 argentinas mueran cada año y 10.000 sean atendidas con lesiones diversas por abortos clandestinos, nos obliga a volver a relatar los mismos argumentos de siempre en un asunto en el que la moral es el disfraz más aparatoso de la hipocresía. Todos los argumentos que han valido en España para exigir una ley razonable, superada por fin aquella primera de los supuestos, valen ahora en Argentina, porque el asunto de la interrupción voluntaria del embarazo es idéntico en todas partes:

1. Sea legal o no, las mujeres abortan.

2. La ilegalidad estimula una red clandestina en la que se mezclan activistas y oportunistas.

3. En la red clandestina muchas mujeres mueren o a sufren lesiones de por vida.

4. Los que se oponen al aborto legal por razones religiosas experimentan un borrado súbito de principios cuando es la adolescente de la casa la que preña. Quienes pueden pagar abortan con garantías y discreción. La prohibición penaliza a las más pobres y desinformadas.

5. Medio millón de argentinas abortan cada año en una demostración sonora de que la ley y la realidad pueden contradecirse.

6. En contra de la manipulación de quien convierte el asunto en una cruzada, las leyes de plazos se relacionan con una caída constante de los abortos. En el año 2010 se practicaron en España 113.000 interrupciones. En el 2015 fueron 94.000.

7. El aborto no es un método anticonceptivo, ni las mujeres lo utilizan como si lo fuera.

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