Responsabilidades


La inmediatez con la que vivimos en la actualidad provoca que necesitemos conocer lo antes posible la información que precisamos. Ocurre en todos los casos que queramos analizar, aunque yo me voy a centrar en dos sucesos ocurridos esta semana, uno en Vigo durante el festival O Marisquiño y otro en Italia, en el desprendimiento del puente Morandi de Génova.

Me imagino que lo peor que se puede hacer en momentos críticos es echarse la culpa unos a otros. Es verdad que no es un dato menor, porque quien tenga la responsabilidad será el que tendrá que pagar el pato. También es cierto que hay casos que se cierran sin responsables, lo que ya genera una crispación lógica, especialmente a las víctimas del suceso.

Quiero creer que tanto para el Alcalde de Vigo como para el Presidente de la Autoridad Portuaria lo más importante son las personas, tal y como declaró el ministro de Fomento, José Luis Ábalos, en su visita a Llutxent, zona de Gandia afectada por un gran incendio. A la gente lo que le interesa son soluciones y compromisos, no reproches. Sin embargo, todos hemos visto en los telediarios el enfrentamiento entre Abel Caballero y Enrique César López Veiga a cuenta de quién tenía que mantener y reparar el paseo que se vino abajo.

Puedo entender que todo el mundo tiene derecho a defenderse, y más si está convencido en estar en lo cierto. Lo triste es que a veces pasar de las palabras a los hechos tampoco se produce. Se suele centrar la culpa en el responsable político -que no voy a decir que no se merezca ser objeto de críticas- pero nadie cae en la cuenta de que a veces lo que pide la gente hacer no se puede. Es una de las experiencias que me toca vivir casi a diario y que de peor humor me ponen. A veces no se hace nada no por el pasotismo del político de turno, sino porque la maquinaria administrativa no lo permite.

El peor espectáculo que podemos dar es cuando una administración pública acusa a otra de no hacer su trabajo. La ciudadanía paga impuestos y pide acciones sin entrar en el fondo de quién lo tiene que hacer. Es por eso que ver a cargos políticos discutir de quién es la responsabilidad queda fatal. Mancha la imagen a quienes lo hacen y de las instituciones a las que representan. Y degradan finalmente a lo público, que particularmente es lo que más me molesta.

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