Sólo vine a comprar pan


El debate sobre la enseñanza de la asignatura de religión en la escuela está, por fin, a punto de llegar al momento en el que pueda dar un giro a favor del respeto a la laicidad gracias a la obcecación de los partidarios de que se imparta. Suena paradójico pero es así gracias a que al rozar el final de la segunda década de este siglo se llega ya a una demanda suficiente para que padres de alumnos de fe musulmana reclamen, con éxito, que se impartan las clases en los colegios públicos. Va a suceder de forma inmediata en Extremadura, ya el próximo mes de septiembre. Concentrados en la provincia de Cáceres, seis centros públicos ofertarán la asignatura de Islam a algo más de 400 alumnos.

Los padres musulmanes están en su pleno derecho de reclamar la asignatura gracias al denodado esfuerzo desarrollado durante décadas por parte de los católicos para que la enseñanza de religión, de la suya claro, formara parte del currículo escolar y, a ser posible, para que su evaluación contara en la nota media de los estudiantes. Gracias también al afán de los apostólicos romanos, que han pensado durante mucho tiempo que el monte escolar era orégano sólo para su incensario, en la selección del profesorado de Islam no tendrán arte ni parte los poderes públicos. Bueno, parte sí, para pagar los salarios y hacerse cargo, si fuera menester, de posibles despidos improcedentes en el caso de que alguno de los maestros se aleje de la doctrina religiosa en su vida privada. Explica la Junta de Extremadura que se harán cargo de la contratación de tres docentes que serán propuestos por la Comisión Islámica, y a los que se requerirá que además del título de maestro tengan el diploma de «Actitud Pedagógica Islámica».

Por supuesto, hay ya escándalo entre los que se quejan de que se quiera eliminar la asignatura de religión católica de la enseñanza pública porque se va a ofrecer en pie de igualdad la de fe musulmana, tal cual a demanda de un número mínimo de alumnos en el cada aula, también con una selección de profesorado ajena a los poderes públicos salvo para hacerse cargo de sus honorarios. Parece que son incapacer de ver que todo lo que detestan de esta situación se ha dado gracias a que ellos han asentado firmemente, piedra a piedra, los cimientos de este edificio que tanto les molesta. Quizá, sólo quizá, gracias a ese sentimiento tan mezquino de no querer para los demás el privilegio que se te ha concedido a ti seamos capaces de lograr que el adoctrinamiento religioso se dé en los templos y no en la escuela.

¿Una asignatura en la que se enseñe historia de las religiones en general con una muestra de varias creencias a lo largo de la historia en todo el globo? Estupendo, pero eso no es lo que se ofrece ahora para los alumnos que optan por la asignatura de religión en el cole y no habría razón para que sus maestros fueran elegidos ni por el arzobispo ni por la Comisión Islámica. Ni tampoco por el rabino, ni por el Dalai Lama si se tercia.

Mientras tanto, a los alumnos que no eligen la asignatura de religión se les impone que asistan a una alternativa huera, en un tiempo lectivo en el que se exige que no puedan avanzar en ningún otro contenido lectivo, ni de lengua, ni de matemáticas, ni de otro idioma, ni ciencias sociales ni naturales. Nada. Esa es la reclamación de quienes eligen religión, que los otros no puedan avanzar y quizá es la mejor definición del valor real de esta asignatura.

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