Sobre los lamentos de algunos empresarios y la formación en Asturias

La responsable de Empleo y Formación de CCOO de Asturias responde a la patronal sobre la supuesta falta de mano de obra en la región

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Foto de archivo de trabajadores de la construcción

En los últimos días, en el marco de la Feria de Muestras y de los cursos de La Granda, dos tradicionales altavoces para las reivindicaciones de la patronal asturiana, hemos escuchado de nuevo algunos clásicos «lamentos» que se repiten cada verano, lamentos que tienen que ver con la dificultad que se encuentran las empresas de la región a la hora de conseguir personal cualificado.

En nuestro sindicato produjo particular estupor la queja de falta de mano de obra cualificada de la que alertan desde la construcción. Cuesta creerlo. Cuesta creer que no consigan gente lo suficientemente formada entre 67.992 personas privadas de empleo en Asturias, precisamente en un sector donde la crisis del ladrillo hizo que miles de personas tuvieran que buscar otras expectativas de empleo, con menor salario y menor seguridad laboral. No alcanzamos a comprender que entre todas esas personas que siguen desempleadas no encuentren profesionales.

Y en este punto también conviene recordarle a la CAC-Asprocón que en la última década han abandonado la región 41.600 jóvenes empujados por las escasas oportunidades de empleo y las precarias condiciones de trabajo que se encuentran aquí. Curiosamente, la mayoría de ellos sí logran desarrollar sus carreras profesionales en entornos más favorables, con un mínimo de seguridad en el empleo y con salarios dignos, condiciones que ahora mismo resultan poco menos que utópicas en el tejido empresarial de la región. Porque es innegable que Asturias ha pasado de ser una comunidad industrial, con empleos mayormente estables y con derechos en la minería, la siderurgia, el sector naval… y todas las industrias auxiliares, a una región en la que la precariedad y la estacionalidad (no sólo pero sobre todo) en el sector servicios se ha convertido en una epidemia.

Es decir: si nuestras personas jóvenes pudieran desarrollarse profesional y personalmente en nuestras empresas, el masivo éxodo laboral que padecemos dejaría ser un drama para la región. Porque nadie abandona su casa y su entorno si no es por necesidad.

La otra «cantinela» tiene que ver con la Formación Profesional Dual. Muchas empresas se indignan por la falta de mano de obra cualificada. Hablan de escaso relevo generacional, pero cuando se presenta la oportunidad sólo ponen trabas. El ejemplo más llamativo lo tenemos con la Formación Profesional Dual, en cuya última convocatoria, por cierto, las empresas sólo cubren 40 puestos de 120 plazas ofertadas. ¡Menuda respuesta a sus propias necesidades!

A veces se tiene la sensación de que nuestras empresas no acaban de entender que la FP Dual es inherente al contrato de formación y aprendizaje. Lo que no es de recibo es que algunas compañías pretendan obtener mano de obra cualificada ofreciendo a cambio contratos de aprendices, temporales y renovables en cada programa: aprendices a bajo coste y en continua rotación. Vamos, que quieren las bonificaciones a la contratación pero no asumir los compromisos.

Algunas voces de la patronal han propuesto además someter al alumnado a procesos de selección, algo que no les corresponde, ya que la oferta formativa debe ser accesible al conjunto de las personas jóvenes. Además, este proceso selectivo ya se produce, porque para acceder a la formación en la empresa con contrato se deben superar los módulos del primer curso. También reclaman más estancia en el centro de trabajo (ampliar a cuatro días a la semana las prácticas en empresas) y protestan porque el alumnado deba estar supervisado y tutorizado en todo momento. Y el alumnado tiene funciones específicas, relacionadas con un aprendizaje concreto, con un horario delimitado…, no se trabajan fines de semana, ni festivos, ni en horario nocturno, ni se hacen horas extras.

Es verdad, hay muchas empresas serias y rigurosas, decididas a formar como corresponde a sus trabajadores y trabajadoras, empeñadas en atraer y retener el talento para situarse a la vanguardia también de la dignidad laboral. Son empresas que pueden encontrar en este modelo de FP Dual una buena herramienta para modernizar su actividad. Son empresas que necesitamos. Y no el empresariado anacrónico y desalmado que trata de ganar siempre a costa de los derechos de la clase trabajadora.

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