No dejen de contar pasos


«Llevo ya 1.350 pasos. No está mal». La frase podría haberla pronunciado cualquier persona con alergia al ejercicio en esa fase de autocoach que le entra a todo el mundo cuando quiere ponerse en forma, cuando estrena smartwatch o cuando no le queda otro remedio después de haberle escuchado al médico más de veinte veces la frase de «¡hay que andar!». El reloj inteligente o las aplicaciones de móvil que miden la actividad ayudan porque al marcar el récord de pasos diario ejercen de estímulo para decir «¡mañana más!». A lo tonto a lo tonto, entre ir al súper caminando para hacer la compra o subir por la escalera en lugar de tomar el ascensor, van superando el reto. Pero al igual que esos avances tecnológicos ayudan a dejar el sedentarismo a un lado, hay otros que, al contrario, podrían reducir la actividad diaria de los habitantes de las grandes ciudades. Lo digo porque justo este mes desembarcó en Madrid Lime, una compañía respaldada por Uber y Google que presta un servicio de alquiler de patinetes por minutos. Pueden reservarse por el móvil y ser usados en algunas calles del centro. De Atocha a Plaza de Castilla y desde las Ventas hasta el Parque del Oeste. No digo, ni mucho menos, que estén mal. Desde luego favorecen la movilidad y evitan el uso del coche o el bus en trayectos cortos con la consecuente reducción de la contaminación. Solo lanzo la advertencia para que no acaben volviéndose en contra de los perezosos. Que ir andando un par de calles no mata a nadie. Incluso cuando hay prisa, basta con apurar el paso. No se dejen seducir. Que no les roben el placer de contar sus pasos.

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