¿Es polémico privar de mausoleo a un dictador?


No cito su nombre porque sería contribuir algo más a esa eventual ola de popularidad mediática que le ha ha dado la letárgica vida política del mes de agosto y la próxima exhumación de los restos de Franco del Valle de los Caídos, la mayor fosa común republicana. Se trata de una señora que preside una agrupación llamada Movimiento por España -esta gente lleva el Movimiento muy adentro-, a la que los responsables de ciertos programas televisivos no han dejado de airear en las últimas semanas con ocasión del desalojo del dictador de su mausoleo.

Es como si con los restos de Franco también se pretendieran exhibir las voces redivivas de aquel ideario residual que le sigue idolatrando, el mismo que profesan los varios cientos de militares retirados del manifiesto publicado por el diario La Razón, un periódico que acaso pretenda emular en nuestros días a aquel otro de los excombatientes del alcázar de Toledo donde el colectivo Almendros dio a conocer la previsión de aquella esperpéntica jornada propia del siglo XIX y gestadas en vísperas del XXI, a la que se le dio el nombre de la fecha: 23 de febrero. Debería preocuparnos, y mucho más a Torra, que frente a seiscientos de esos militares retirados solo se haya juntado una veintena de militares demócratas con otro manifiesto en sentido contrario.

¿Qué se pretende dando tan extraordinaria dedicación en los platós al franquismo residual? ¿Es que acaso tal proceder responde a una incidencia mayor en los índices de audiencia, al protagonizar esos señores y señoras una encendida pugna con sus antagonistas en los debates, y que, más que atraer al televidente por la peculiaridad airada y gritona del espectáculo, debería abochornarlo por las barbaridades que tales sujetos y sujetas vocean, cuarenta años después de finiquitado aquel régimen dictatorial?

Si fuera así, como me temo, tendríamos que reconocer, no solo la vergüenza que comporta mantener en una democracia el mauseoleo de Franco (caudillo por la gracia de Dios, no lo olvidemos) durante cuatro décadas, sino la que causan unos medios y un periodismo que ni en Italia, Alemania o Portugal concedería cancha pública a quienes exaltaran a sus respectivos dictadores, aliados todos ellos del que aquí sufrimos durante casi cuatro décadas. Sobre todo si, como es el caso, tal actitud responde a la eliminación de un monumento que lo sigue exaltando aquí y ahora.

PS. Albert Rivera ha anunciado en una entrevista en Onda Cero que Ciudadanos no apoyará en el Congreso la aprobación del decreto ley para la exhumación de los restos de Franco. Ha alegado que "no es una prioridad". Es una prioridad con cuarenta años de retraso, cabe reponder al líder de aquel partido naciente que se dijo de centro izquierda no se sabe dónde puede acabar.

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