¡Menuda carta de Montero e Iglesias!

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Suele suceder que los padres cuando tienen a su primer hijo, sea en las circunstancias que sea, tienden a pensar que están inaugurando la especie. El acontecimiento cambia tanto tu vida que te sientes otro, especial, cuando lo único que te ha sucedido lleva siglos aconteciendo. También pasa cuando los hijos que llegan al mundo son prematuros y necesitan cuidados extraordinarios.

Ayer Irene Montero y Pablo Iglesias decidieron dar unas multitudinarias gracias a través de las redes sociales. Son ellos los que han querido dar una dimensión pública a su vida familiar. Luego se quejarán del acoso de la prensa. Es de bien nacidos ser agradecidos, pero hay maneras y maneras. Otra política está aquí, pero cada vez se parece más a la de siempre. Somos republicanos, dicen, pero nos emocionó la llamada de un rey y una reina. Somos ateos, «pero explicaremos a nuestros hijos que nuestros amigos creyentes rezaron por ellos. Nos consta que la Virgen del Tránsito, Santa Rosa de Viterbo y Santa Maria Liberatrice fueron interpeladas (y nunca se sabe…)». Con broma incluida.

Entiendo que se sientan en una nube después del susto y de la angustia que han tenido que vivir, pero sobran los nombres propios, las referencias al cariño mostrado hasta «por nuestros adversarios políticos». Dicen: «Tampoco olvidaremos que algunas de las palabras más hermosas, algunos de los abrazos más sinceros... vinieron de nuestros adversarios políticos». ¿Qué esperaban, lo contrario?

En la carta, que han decidido airear ellos, sobran los nombres propios. Claro que hay profesionales increíbles en el sistema de salud español. Otro descubrimiento. Pero son la gran mayoría y en muchas especialidades. Da la sensación de que Montero e Iglesias vivían demasiado acorazados en la política, en el partido y entre las paredes del Congreso para no saber que tenemos una envidiable salud pública, de las mejores del mundo. Y, si nos ponemos a citar profesionales de la sanidad, todos tenemos una lista interminable de agradecimientos, porque, como en otros oficios, el comportamiento negativo suele ser la excepción.

Lamento dudar, pero es lo que me sale cuando dos políticos convierten la esfera privada en pública. Y dudo sobre todo del tono estudiado y abarcador del texto. Conozco a muchos padres de prematuros que dieron las gracias, pero en persona, con un abrazo, con una sonrisa, devolviendo con calidez, sin redes sociales, el mismo cariño que recibieron en los estupendos hospitales españoles. «Muchos prematuros como ellos, en otros lugares del mundo, no tienen la misma suerte». Ya, Irene y Pablo. Y millones no tienen techo ni comida. ¿Era necesaria la carta urbi et orbi? Sois padres, enhorabuena, pero el mundo todavía está lleno de padres. Inauguráis una familia, no una dinastía.

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