Los viejos del Ebro


Ha causado polémica la edición de un vídeo, para conmemorar el 40 aniversario de la Constitución, de dos viejos que coincidieron hace mucho tiempo en la batalla del Ebro, uno combatiendo a favor de la república y otro en el bando que se alzó contra ella. Para algunos, el diálogo de los ancianos supone una equiparación moral de los combatientes, que pone en pie de igualdad a los que defendieron la legalidad y a los que se apoyaron en regímenes fascistas para ahogarla en una dictadura que duró también otros 40 años. Claro que no son iguales. 

Pero el vídeo en sí tiene poco de reprobable. El diálogo de Germán Visús, 102 años, que luchó por los sublevados con José Mir, de 98, que lo hizo por la república es un milagro aunque sea porque cada día que ambos dos puedan sentarse el uno frente al otro lo es. Mucha gente combatió por convicción en la guerra. Otros no, y los hay que lucharon en un bando y luego en otro, siempre a disgusto de hacerlo. Casi todos acabaron asqueados de todo lo que vieron. Algunos no, los hay que gozaron con sadismo de la salvajada y prolongaron su sed de sangre y humillación todo lo que pudieron. Pero equiparar a Germán por salir en este vídeo con asesinos destacados del franquismo como Queipo del Llano o Yagüe no se sostiene. Es también pura inquina porque sí.

En otro tiempo, siendo José Bono ministro de Defensa, también hizo desfilar en pie de igualdad en el desfile del Día Nacional a un veterano republicano y a un antiguo miembro de la División Azul. A mi juicio mereció más crítica esa decisión, porque aunque no todos los voluntarios de ese grupo eran tales ni tampoco muchos firmes partidarios del dictador precisamente, está totalmente fuera de lugar rendir honores así a una división que formó parte de la ofensiva nazi. No tiene un pase.

Es un error cebarse con las cuitas de Germán y de José porque no se trata de eso. Lo que ya no puede caber ni un momento más es el menor homenaje y vista gorda con símbolos de la dictadura en sí, empezando con el propio mausoleo del dictador. Paz y descanso a los germanes y josés de carne y hueso que aún nos quedan. Pero no es lo mismo sentirse herederos, aunque sea en el plano simbólico, de los que se reunieron con Hitler en Hendaya para intentar repartirse despojos de imperios coloniales por la fuerza que la compañía «La 9», que avanzó desde Normandía hasta liberar París soñando con que un día también llevarían la libertad a la patria que habían perdido. Claro que no es igual. Y a ver si se va notando.

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