Despechada Corinna

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Desconozco si el código penal censura sentimientos además de hechos pero ocurre que un juez acaba de convertir las cuentas en Suiza que presuntamente tenían el rey emérito en un culebrón venezolano. Era el ingrediente que nos faltaba. Las cosas serían más o menos así. Una falsa princesa alemana le contó a un ex comisario de policía experto en asuntos extraños que el anterior jefe del Estado cobró comisiones que ocultó en cuentas en Suiza, de esas que se escamotean a la Hacienda española. El ex comisario vive hoy en una celda de Estremera lo que no ha detenido la filtración de las grabaciones de la sensacional conversación que tuvo con la falsa princesa en la que se desvelan que las cositas en las que andan los de alta cuna son mucho más entretenidas que las que nos ocupan a los de baja cama.

Pero la metralla que ha escupido Corinna y que se nos ha enseñado por capítulos y con problemas de audio, como siempre se escuchan los grandes secretos, no sería más que una reacción afectiva. Sabido es que las mujeres actuamos así, movidas por los histéricos designios de nuestras alocadas hormonas. Según el juez, la falsa princesa vive despechada tras haber sido abandonada por el rey, el mismo que le montó un palacete en Zarzuela y la invitó a matar elefantes en Botswana hasta que saliendo del baño se esmochó y se rompió la cadera y la corona. Sí, Corinna sería una mujer despechada que, cegada por el desprecio de su amado, cogió a un comisario y le contó unas cosas alucinantes que nadie se cree. Lo típico de las mujeres, que se despechan y le hacen la vida imposible a los hombres. Lo que no sabemos es con quién está despechado Villarejo, aunque seguro que en su caso las motivaciones son un importante asunto de Estado, de los de verdad. Nada de despechos, vamos.

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