¿Puede el arte contemporáneo crecer en suelo rural?

El Festival Arcu Atlánticu dedica una de sus carpas al proyecto «Genius Loci». que busca la conexión con el suelo local y el entorno natural del ser humano a través de la práctica artística

Un espectador de «Genius Loci» en el Festival Arcu Atlánticu
Un espectador de «Genius Loci» en el Festival Arcu Atlánticu

Gijón

Uno dice «arte contemporáneo» y, entre las asociaciones de palabras más o menos inmediatas seguramente acabarán por aparecer «urbano», «cosmopolita», «tecnológico», «internacional». Por el contrario, términos como «naturaleza», «terruño», «vegetal» o «rural» parecen desligados de lo que uno relaciona con el arte hecho a estas alturas del Tercer Milenio. El único «campo» que parece vinculado al arte es el «campo pictórico». Y no tiene por qué ser así. Se trata de un prejuicio y, más aún, de una inexactitud que pretende desmontar Genius Loci, un combinado de exposiciones, charlas y encuentros que estos días se concentra, al pie de la gijonesa Cuesta del Cholu, en la Carpa Arte y Territorio del Festival Arcu Atlánticu. 

No solo se trata de admirar piezas realizadas a partir de hojas, briznas de hierba, lana, uva, pigmentos naturales o sonidos del medio rural. En realidad, lo que se muestra es más bien el producto de lo que más interesa a los participantes, artistas y colectivos coordinados por Virginia López y por PACA_Proyectos Artísticos Casa Antonino, el activo enclave ubicado en la parroquia rural de Cenero. Alli, y en el entorno del museo Villa Romana de Veranes, se han desarrollado los proyectos El Paisaje Agrario de Veranes (2015) y Habitantes Paisajistas (2016), de los que ha surgido una parte de los trabajos presentados en Genius Loci.

El subtítulo de la exposición -Arte y poéticas de la relación- da la pista de hacia dónde se apunta. Ese genio de lo local es el carácter profundo del verdadero suelo sobre el que habitamos y con el que tenemos relaciones de mutua dependencia. Tanto las obras como los debates, conferencias o paseos rurales programados buscan mostrar que la práctica y la recepción del arte es una toma de tierra, un buen medio para conectarse al zócalo del lugar, inspirarse en él y en lo que ofrece y regenerarlo utilizando los dos polos principales de toda actividad artística: las emociones y las reflexiones.

Todos los participantes parten de ese suelo o van a él (casi siempre, ambas cosas). desde una perspectiva claramente ecológica. Así, Juanjo Palacios presenta Medio Aural, una presentación del paisaje rural asturiano que sustituye los códigos visuales de la pintura o la fotografía por el sonido. 

 El proyecto Arte Vegetal, de Mil Madreñas Rojas, se basa en la recolección, conservación y uso artísticos de materiales vegetales que pretenden mostrar «la dignidad, la variedad, la belleza y el valor de este patrimonio vegetal» del País de las Montañas, en el entorno leonés de Salilentes, y dejar registro de la relación ancestral entre el hombre y su medio natural inemdiato. Algo muy afín al trabajo de Lorena Lozano en Herbarium, que utiliza las claves de la botánica entre lo científico, lo artístico y el saber popular en el marco de la leonesa Fundación Cerezales Antonino y Cinia y Veranes.

La riojana afincada en Asturias Maite Centol ha trabajado en su tierra natal para desarrollar ENVERarte, un proyecto de intervenciones artísticas en el espacio público de Ábalos (La Rioja), siempre en la perspectiva autogestionaria y humanista que caracteriza su trabajo. El centro de ENVERarte es el elemento natural más definitorio del territorio riojano: la uva. De igual manera, la lana y sus usos están en el centro de MalaLlana, un proyecto colaborativo de Soraya Andrés y Laura Díez que investiga a partir de técnicas textiles tradicionales o tintes naturales.

Son solo algunas de las referencias en torno a la carpa Arte y Territorio, por la que también están pasando centros integrantes de la plataforma nacional El Cubo Verde, que agrupa espacios de arte en el campo,vinculados casi siempre a la autogestión y con un fuerte componente práctico

También se ha presentado una suerte de mapa digital en torno a la memoria y transformaciones del paisaje cultural de la parroquia de Cenero, con la participación de Natalia Hevia y Juan G. Rodríguez Aldesoro (I.T.Topógrafos), en conexión con el el libro 100 años de la mujer rural en L’Abadía de Cenero, de Consuelo González García, en la que intervendrán la autora y vecinos de la parroquia de Cenero. Junto a las charlas de especialistas y los debates ha habido también margen para la didáctica del arte y el juego, a través de actividades como Gente guapa como fruta fea, una llamada de atención hacia la agricultura de proximidad dirigida a los más pequeños y basada en los delirantes retratos hortofrutícolas del pintor italiano Arcimboldo. 

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