Mente, cuerpo y lugar son un todo

Natalia Alonso Arduengo GIJÓN

CULTURA

La colectiva «El rincón feliz» reflexiona en el Barjola sobre la noción de habitar con obras de Primoz Bizjak, Kela Coto, Mónica Dixon, Christian Domínguez, Federico Granell, César Lacalle, Rosell Meseguer y José Quintanilla

06 jun 2017 . Actualizado a las 12:45 h.

¿Qué es habitar? ¿Cómo habitamos? ¿Dónde habitamos? ¿El habitar implica permanecer? ¿Pueden los objetos formar parte del habitar? Los trabajos de Primoz Bizjak, Kela Coto, Mónica Dixon, Christian Domínguez, Federico Granell, César Lacalle, Rosell Meseguer y José Quintanilla conducen al espectador a plantearse este tipo de cuestiones. El título de la muestra que el museo Juan Barjola exhibe hasta el 30 de julio, El rincón feliz, hace alusión a un relato de Henry James. En él, el protagonista retorna de Europa a su Nueva York natal y en el que fue su hogar antes de haber emigrado se reencuentra con su doble o con quien él hubiese llegado a ser de haberse quedado a vivir allí. En la narración, el escritor estadounidense juega con el tema del doble o Doppelgänger. El principal interés del texto, tomado como hilo conductor de la exposición, se centra analizar cómo el lugar en el que habitamos puede condicionarnos y ello a través de los distintos modelos de vivienda que proponen los artistas seleccionados para la muestra.

La casa es un «territorio» que el sujeto se apropia para manifestar su ser, es una expresión humana que se convierte en el centro de nuestro mundo, un punto fijo en el espacio, una posición firme desde la cual obramos y a la cual regresamos oportunamente. La casa enmarca al habitante y su entorno de tal modo que, necesariamente, se produce una interacción de mente, cuerpo y lugar. Pensemos en la cabaña de Heiddeger en Todnauberg, en las montañas de la Selva Negra del Sur de Alemania. Aunque el filósofo no residió allí de modo permanente, en ella trabajó en muchos de sus más famosos textos. Su pensamiento y sus escritos derivaron de la raíz central de aquel lugar que suponía para el pensador mucho más que un emplazamiento físico. Existía una íntima conexión emocional y espiritual con el edificio y sus alrededores. Era un refugio de concentración solitaria. Así Adam Sharr sentenció: «En la cabaña y en su paisaje se reflejan algunas de las observaciones de Heidegger, el sentido de su propia existencia y elementos conceptuales que estructuran su pensamiento». En especial, aquellos ensayos que se refieren al habitar y al lugar como Construir habitar pensar y Poéticamente habita el hombre. La casa es, en definitiva, «el resultado de una interacción del espacio con el hombre, que lo impregna con su ser y con su vida, es decir, con su habitar; entendido éste como aquello conexo con la vida y no solamente con el mero residir», dijo Iván Illich.

La ruina y el vacío

En los interiores de Kela Coto, Christian Domínguez y Federico Granell, la ruina y el vacío hablan de la ausencia del ocupante. De espacios que fueron morada pero que ya no son sino lugar de abandono. Del mismo modo que los vestigios de las fotografías de José Quintanilla nos acercan al despoblamiento de lo que Sergio del Molino denominó La España vacía. En ellas, ante la ausencia de morador, la naturaleza ha seguido su curso. Estos habitantes de la Meseta están ahora en las grandes urbes y Primoz Bizjak lo recoge en unas imágenes de Madrid en las que la ruina ha dejado paso a una rehabilitación perpetua acorde al propio ritmo de una capital global que ansía la renovación permanente.