Marta Sanz dispara al capitalismo y el márketing de la felicidad en «Clavícula»

«Somos una sociedad cansada, individualista e insolidaria», sostiene la escritora


redacción / la voz

Hacía «mucho tiempo» que Marta Sanz (Madrid, 1967) no se sentía tan identificada con uno de sus textos. «Clavícula está en la línea de La lección de anatomía, en esa línea de recuperación de lo autobiográfico como material de novela», asegura la autora que se abrió en canal ante el público a través de la literatura.

Tras ganar el Premio Herralde en el 2015 con Farándula, y sentir la presión de estar bajo la luz de los focos, Marta Sanz vuelve sobre sí misma. «Como escritora, estoy cansada de las máscaras de la ficción. En Clavícula habla una mujer que quiere compartir de la manera más auténtica posible su experiencia del dolor», revela quien ayer visitó A Coruña para desgranar en la librería Berbiriana su nuevo libro.

Clavícula es un hueso largo, un dolor grande, una hemorragia interna que encuentra su salida. Y un disparo al capitalismo, a la precariedad laboral, al cartón piedra del márketing de la felicidad desde el cuerpo de una mujer que acepta su vulnerabilidad.

«Vivo dentro de una paradoja», empieza un momento -no capítulo- de Clavícula. «He querido mostrar la contradicción de una mujer que vive su cuerpo como un campo de batalla», expone Sanz. La novela, y el dolor que la alienta y trasciende, nació en un viaje de avión sobre el Atlántico rumbo a San Juan de Puerto Rico. Como lo cuenta la novela: «Voy leyendo un libro con el que procuro distraerme del ruido de mi propio cuerpo, que suena, grita, me habla. [...] Pienso en clave cómica, y recuerdo a mi tía Alicia aquejada de un ataque de pedos en una sala de urgencias: ella se había diagnosticado un infarto». Lo mordaz no quita lo doliente. ¿Cómo concilia la crudeza con la ternura y la ironía de su mirada? «Esto a mí me cuesta explicarlo... Con el paso del tiempo me doy cuenta de que hay marcas de la casa. Las enumeraciones, o la mezcla de lo pedante y de lo paleto, de lo violento y lo tierno». Es una suerte de guiso molotov que viene «del lenguaje con el que he crecido y aparece en mis libros sin que yo pueda evitarlo», asegura.

El capitalismo nos está quitando más que el sueño. «Nos quita la energía vital -apunta la autora de Daniela Astor y la caja negra-. Nos hace ser una sociedad cansada, estresada, individualista e insolidaria. Yo no soporto ese léxico de la aventura y el positivismo que encubre el exilio de los jóvenes, la precariedad laboral. La salida que se plantea en Clavícula es superar el encapsulamiento al que nos condena el capitalismo a fuerza de vivir de la manera más plena nuestras historias de amor».

De Elvira Navarro a Wall-E

En esta novela asoman la tía Alicia, Lillian Hellman, papá y mamá, Elvira Navarro, David Foster Wallace, Agatha Christie, Wall-E, médicos «con un relato muy patriarcal del dolor», pacientes, un marido parado de larga duración. ¿Cuánto hay en esta historia de Marta Sanz? «Todo. Todo lo que está ocurrió, y todo lo que está lo sentí como ocurrió». ¿Es tan grande su dolor como lo escribe? «Efectivamente -afirma-, pero también, como dicen autores como Sara Mesa, hay una Marta evanescente que está sin estar».

Clavícula es femenino. Y feminista. Y rompe el posado Photoshop hurgando en un tabú: la menopausia. «Estamos acostumbrados a los retratos de las mujeres en momentos fotogénicos. Tengo la impresión de que por un lado somos princesas guisante y, por otra, seres que se echan todo a la espalda; son dos estereotipos femeninos que llevados al mundo del trabajo son especialmente perversos. Las mujeres somos especialmente vulnerables, laboralmente más vulnerables y culturalmente más vulnerables a la presión de tener que satisfacer unas expectativas masculinas».

El dolor -medular en Clavícula- no nos hace fuertes, refuta Sanz: «El sufrimiento no enseña. El sufrimiento acumulado lo que hace es debilitarte, incapacitarte y matarte. Lo que hay que hacer con el dolor es remediarlo».

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