«Spider-man: Homecoming», de Jon Watts, nos devuelve al Peter Parker más adolescente, torpe y entusiasta
28 jul 2017 . Actualizado a las 08:02 h.Tras el iniciático resurgir de la mano de Sam Raimi y el rostro de Tobey Maguire, y los dos filmes posteriores donde Marc Webb y Andrew Garfield tomaban el relevo sin aportar excesivas novedades al formato, John Watts toma mismo tema, mismas fuentes (véase el cómic, aun habiendo diferencia en el material de adaptación de unas y otras), y con ello pretende dar un tercer y nuevo renacer a la franquicia.
Spider-man: Homecoming nos devuelve al Peter Parker más adolescente, torpe y entusiasta. Saltándose los míticos inicios (picadura arácnida, muerte familiar traumática), nos muestra un chaval que ya conoce sus poderes, pero que aún no ha aprendido a manejarlos. Bajo la tutela de Tony Stark (esto también es nuevo), y primando la interacción de los universos de superhéroes que la Marvel promueve en estos tiempos como marca de fábrica y cuño de taquilla, este Hombre Araña está más cerca que nunca de la comedia, género que sobrevuela todo el metraje, cuando no se hace directamente con él. Basculando entre la típica película marvelita y las comedias de instituto protagonizadas por nerds, lo bueno de esta cinta es que parece tomarse en serio a sí misma lo justo y necesario para dar entretenimiento despreocupado, contentar a los amantes del personaje y hacer pasar un rato entretenido a aquellos que, sin ser puristas del cómic, gusten de los filmes de acción con superhéroes en mallas. Lo malo, una vez más, lo excesivo del metraje.
Tom Holland estrena traje como nuevo Spiderman cumpliendo con su cometido de una forma bastante decente. A su lado, a destacar la presencia de Marisa Tomei como una exuberante Tía May, cuya intervención sabe a poco, y un Michael Keaton que retorna al universo heroico tras sus tiempos de justiciero Hombre Murciélago a las órdenes de Tim Burton, para pasarse al lado oscuro como villano de la función.