Una cartografía literaria para descubrir el mundo en 35 obras

Un atlas recorre la historia de la escritura de la Antigüedad a hoy

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redacción / la voz

«Querido lector: abre este libro por la página que quieras». Desde la primera línea queda claro que el Atlas de literatura universal (Nórdica Libros) plantea un viaje que, como todos los de la imaginación, no conoce de reglas. En concreto, este volumen, que reúne textos de autores diversos sobre 35 obras literarias inmortales, acompañados por el criterio gráfico y las ilustraciones de Agustín Comotto y Tono Cristòfol, puede utilizarse para recorrer el mundo en orden cronológico -de la Antigüedad a hoy-, por lenguas o áreas culturales, por escritores de referencia o por los que han aportados sus textos más o menos ensayísticos. Todo es posible en la literatura.

«Los mapas están de moda», asegura en su prólogo Pedro García Martín. La ubicuidad de la información los ha convertido en cotidianos -en el ordenador o el teléfono- pero García Martín alude también a los robos de los mapas de Ptolomeo o el Códice Calixtino como exponentes de su valor. También su cualidad semántica: en estos tiempos de incertidumbres, de valores líquidos o de posverdades, el mapa ofrece, si no una garantía de solidez, al menos su apariencia.

En su introducción al Atlas, García Martín relaciona la cartografía con las letras. «El arte de cartografiar las obras literarias también recrea el mundo. Nos proporciona nuevas e insospechadas lecturas acerca de su naturaleza creativa». También del mundo en que fueron concebidas o que relataban otras épocas o lugares distantes, a veces de leyenda. La novela picaresca del Siglo de Oro permite viajar al Madrid o la Sevilla del XVI, pero también a Jauja. Dickens es guía del Londres decimonónico, como Balzac lo es del París coetáneo. Y acercarse a espacios insospechados, como el Pekín de Sueño en el pabellón rojo, de Cao Xuequin.

Otro canon posible

Esta es una de las virtudes de este Atlas de literatura universal. Si el lector nunca se escapará de la impresión de que toda selección implica la idea de un canon, esta obra, sin rehuir a los grandes clásicos -Quijote, Divina Comedia, Decamerón, Hamlet, Moby Dick, En busca del tiempo perdido, Cien años de soledad...-, abre sus páginas a obras que también han obtenido esta condición por derecho propio, pero que quizá son menos conocidos según qué latitudes. El propio libro de Xuequin, La historia de Genji, de Shikibu o el Kalevala, de Elias Lönnrot, son piezas fundamentales del engranaje literario mundial, pero a veces algo olvidados por el canon.

Sobre ellos escriben, entre otros, Fernando Aramburu, Carlos García Gual, Julio Llamazares, Alberto Manguel, Mercedes Monmany o Marta Sanz, ofreciendo iluminadora información que amplía lo que ya indicaban los mapas (que tampoco se olvidan de las coordenadas geográficas). Una guía que, sea cual sea el orden de lectura, al final ofrece como recompensa una Imago mundi de la literatura universal: «Un fresco histórico en cuyo espacio podemos leer el tiempo», en palabras de García Martín.

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