Antonio Stradivari y la Edad de Hielo

La meteorología tuvo mucho que ver en las creaciones del artista

Antonio Stradivari y la Edad de Hielo En tres siglos nadie ha sido capaz de recrear el instrumento más famoso del planeta. Las bajas temperaturas influyeron en la eleboración de los violines.

Redacción / La Voz

Hay instrumentos que trascienden el ámbito de la música y se convierten en leyenda. Un Stradivarius no es solo un violín, sino un símbolo. «Hablamos de una obra de arte absoluta. Cualquier músico sueña con poder tocar uno. El mito fue creciendo además por los grandes artistas que los usaron y que dejaron su huella», explica Florian Vlashi, violinista de la Orquesta Sinfónica de Galicia. Todo mito contiene también algo de misterio. En este caso reside en su elaboración. «Dicen que Stradivari iba a los bosques durante las noches de luna llena para escuchar a los árboles y que dormía con los violines antes de barnizarlos», añade.

Desde hace más de tres siglos muchos expertos han tratado de recrear este instrumento, pero nadie ha conseguido hacer una réplica exacta. En buena medida por la meteorología específica que hubo mientras Antonio Stradivari daba forma a sus pequeñas obras de arte en el taller que tenía en la localidad italiana de Cremona. «No solo cogía la madera de los bosques de Cremona sino también de los Alpes, de la región de los Balcanes», señala el músico albanés. Aunque más que el dónde, en esta historia es importante el cuándo. Stradivari creó los mejores ejemplares entre 1685 y 1715. En esos años Europa sufría la Pequeña Edad de Hielo, que comenzó en el siglo XIV y se prolongó hasta el XIX. El responsable de esta era glacial, que sepultó al viejo continente bajo el hielo y la nieve, fue una importante disminución de la energía solar. El mínimo de actividad, conocido como Maunder, se registró entre 1645 y 1715, coincidiendo con el período en el que Stradivari elegía la madera para los instrumentos.

La ciencia de la dendrocronología se ocupa de la datación de los anillos de los árboles. Los círculos pueden ser más anchos o estrechos y representan el crecimiento del árbol, que aumenta en las épocas cálidas y disminuye en las etapas frías. El secreto detrás del sonido tan perfecto que emite un Stradivarius guarda relación con la exclusividad del material con el que fueron elaborados. La madera de los arces y abetos que usó Stradivari para construir los violines era mucho más densa de lo habitual como consecuencia del lento crecimiento de estos árboles causado por las temperaturas tan bajas que se registraron.

Hoy cada violín que lleva la firma de Stradivari tiene un valor que supera el millón de euros. «Me gusta pensar que es una suma de muchas cosas. Tiene algo de química, por el barniz. Física por la madera. Matemáticas por las dimensiones perfectas aunque también la pasión, intuición y la energía depositada por un artista irrepetible», termina Vlashi.

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