Un Pulitzer digno de «House of cards»

Ali Watkins, de 26 años, es acusada de aprovecharse de su relación con el sexagenario senador James Wolfe para obtener importantes exclusivas


redacción / la voz

El malo de la semana en Capitol Hill no es Kevin Spacey en su papel de Frank Underwood en House of cards. En el centro de la diana se encuentran una joven periodista, Ali Watkins (26 años), y un casi sexagenario senador, James Wolfe. A la primera, finalista de los Pulitzer, la acusan de aprovecharse de su relación sentimental con el segundo, separado tras una turbulenta relación en la que fue acusado de malos tratos, para obtener importantes exclusivas procedentes del Comité de inteligencia del Senado en el que Wolfe tenía un papel esencial.

El escándalo estalló a primeros de mes, cuando James Wolfe fue acusado de mentir en la comisión que investigaba la filtración de información de su comité. Para entonces, el acoso de diferentes organismos gubernamentales para conocer las fuentes de Watkins se multiplicaban.

La sucesión de revelaciones escabrosas se sucede desde entonces. Así, se supo que la periodista, recién licenciada en Temple, se instaló en Washington para trabajar en un pequeño portal de Internet. Que a los pocos meses de llegar Wolfe, aún casado, inició el cortejo y que le llegó a regalar un brazalete de perlas por San Valentín. También, que la carrera profesional de Ali se disparó al ritmo de sus exclusivas, pasando por Buzzfeed y Politico hasta llegar a The New York Times y cambiar de novio en el 2017 tras conocer a otro destacado miembro de la Comisión de Inteligencia del Senado.

Wolfe fue formalmente acusado de las filtraciones de información el pasado 7 de junio. El FBI le acusa directamente de mentir, pero las sospechas se limitan a él y no alcanzan a la que fue su pareja. Pero Watkins ha sufrido duros ataques por parte del entorno de la Casa Blanca y los medios para los que ha trabajado han sido señalados por no comprobar las fuentes de las exclusivas de la periodista. Las organizaciones profesionales, sin embargo, rechazan los reproches y señalan que todas las críticas forman parte de la estrategia del entorno de Donald Trump para destruir la credibilidad de los medios de comunicación y ponerse a salvo de sus propios problemas legales derivados del Rusiagate. Pero mientras, los detalles de la relación de Watkins y Wolfe llenan horas de programas y columnas de periódicos. El show continúa.

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