París celebra orgullosa 350 años de ópera

La capital francesa acoge representaciones de ópera, conciertos, y exposiciones para conmemorar la fundación de su amplia su oferta lírica


No hay otra ciudad en el mundo que muestre la envidiable vitalidad cultural de París: ni Nueva York ni la surgida nueva Berlín de la reunificación pueden competir no ya con la extraordinaria diversidad y oferta de la capital francesa sino con el interés que sus orgullosos ciudadanos exhiben al participar de esta riqueza, reflejo de civilización.

Por supuesto, ni las provincianas Madrid o Barcelona juegan hoy en esta liga. Un ejemplo: el Teatro Real madrileño ha venido celebrando en las últimas temporadas un bicentenario que ha pasado casi desapercibido. En cambio, París ha decidido ahora conmemorar los 350 años de la fundación de su Ópera Nacional por todo lo alto, con actividades que van más allá de las representaciones en sus cinco teatros líricos y proponen conciertos, exposiciones, master classes, conferencias y una imprescindible reflexión acerca del rol que la educación artística y cultural (su acceso y su comprensión) pueden jugar hoy en la construcción de cada individuo.

El 28 de junio de 1669, Luis XIV fundó en París la Academia Real de Música, pilar sobre el que se crearían todos los teatros posteriores, incluida la célebre Opèra Garnier. Desde entonces, Francia ha vivido todo tipo de vicisitudes, incluida su Revolución o la invasión nazi, pero jamás ha dejado de acoger a artistas y creadores de todo el mundo para transmitir al público el gusto por la música a través de la ópera, reina entre las Artes Escénicas, y el ballet.

Junto a las obras más conocidas del repertorio, París acoge durante este año y el próximo nuevas producciones, y algunas reposiciones, de óperas de los principales creadores franceses: desde Los Troyanos de Berlioz, en montaje del polémico Dmtri Tcherniakov, a la Carmen de Bizet con el prometedor Lorenzo Viotti en el foso; de Les Indes Galandes de Rameau con puesta en escena del realizador Clément Cogitore y dirección musical de Leonardo García Alarcón, al estreno mundial de Berénice, de un autor de nuestro tiempo, Michael Jarrell.

Pero si interesante resulta la programación musical no lo son menos las actividades paralelas de esta conmemoración. La exposición Opera Worlds, que el Centro Pompidou acogerá a partir de junio, ofrece un diálogo transversal entre la ópera de los siglos XX y XXI y las artes visuales, partiendo de La condenación de Fausto que el escenógrafo Ernest Klausz propuso en 1933 para llegar al Tristán e Isolda de Bill Viola en 2005, cuya reposición precisamente ha servido ahora como punto de partida para las celebraciones de estos 350 años.

Una reflexión sobre el futuro

Este aniversario coincide además con la creación, hace justamente treinta años, de la Ópera de la Bastille, legado de François Miterrand que surgió para ampliar el número de espectadores con el mismo espíritu que Luis XIV contribuyó hace casi cuatro siglo a la difusión, para el mayor público posible, «de una de las artes más nobles entre las liberales». El teatro, situado en plena Plaza de La Bastilla, y que en 2002 verá completadas sus obras de remodelación para ofrecer escenarios polivalentes, más funcionales para adaptarse a todo tipo de montajes, acoge los principales títulos de esta celebración. Conviene andarse con prisa si uno quiere conseguir localidades para espectáculos como el reciente Otello que los tenores Roberto Alagna y Gregory Kunde cantaron allí mismo.

En abril del año próximo, Calixto Bieito, reciente su Premio Ópera XXI en España, comenzará a mostrar en este teatro su concepción de El anillo del nibelungo wagneriano con el estreno de El oro del Rhin, al que seguirán los otros tres títulos de la tetralogía.

Mientras, en el Palais Garnier, donde la soprano Pretty Yende (que volverá para inaugurar próxima la temporada en septiembre, con La Traviata) acaba de obtener un resonante éxito en Don Pasquale, el mes próximo se estrena una nueva producción del Don Giovanni mozartiano a cargo del director Ivo Van Hove. El mismo escenario, pero en versión de concierto, acogerá el próximo diciembre una cita muy esperada: la que para muchos es la ópera de moda estos días, Il Pirata de Bellini, con la soprano Sondra Radvanovsky y el tenor Michael Spyres.

Los espectáculos de primer nivel se combinan además con la reflexión: el mes próximo se celebrará el Congreso internacional Tosc@, en el que investigadores, artistas y amantes de la ópera de todo el mundo debatirán sobre el pasado, presente y futuro del género, mientras el propio Palais Garnier acogerá estos días la exposición Entre Francia e Italia, la Opera de París de Louis XIV hasta la Revolución, centrada en la actividad de la Academia Real de la Música durante ese período.

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