Muere el cineasta Alan Parker

Dirigió «El expreso de medianoche», «Fama» y «Evita», entre otras películas


Redacción

Se suele quejar el actor Michael Caine de que cada vez hay menos posibilidades de que triunfe en el cine alguien salido de la clase obrera. Ese fue precisamente el origen de Alan Parker, fallecido este viernes a los 76 años tras una larga enfermedad, según su representante. Hijo de un pintor y de una modista, el futuro cineasta británico empezó desde abajo: tras abandonar los estudios empezó a escribir anuncios publicitarios, luego a dirigirlos y de ahí pasó a los guiones de largometrajes. Sin embargo, su primer gran éxito tras las cámaras lo escribió Oliver Stone: El expreso de medianoche combinaba drama y hechos reales para retratar como pocos la angustia del encarcelamiento a partir del calvario de un estadounidense condenado en Turquía por tráfico de drogas. Stone ganaría el Óscar por su trabajo, pero Parker no conseguiría las estatuillas de mejor director ni de película.

Aquel filme le abrió las puertas de la industria y le permitió rodar la docena de títulos que jalonan su trayectoria. Una carrera en la que asumió un papel especial el tema musical. En 1980 firmó Fama, un éxito en taquilla que no convenció demasiado a la crítica, pero que fue suficiente para que su música cosechase diversos premios -entre ellos el Óscar- y se adaptase a televisión y teatro. Dos años después entregó la versión cinematográfica del álbum The Wall de Pink Floyd, con altas dosis de experimentalismo visual. Más convencional, en el sentido de la narración, fue Los Commitments, la historia de un grupo de irlandeses que lucha contra viento y marea para cantar música soul. En 1996 Parker aún volvería sobre el tema musical con su propia adaptación de Evita, con Madonna y Antonio Banderas.

La historia también haría su aparición en la filmografía de Parker. Su debut fue un acercamiento -que no obviaba la música- a la vida del gánster Bugsy Malone. Los años centrales del siglo XX en Estados Unidos también lo inspiraron: Birdy tocaba el tema de la guerra de Vietnam, mientras que Mississippi Burning abordaba el racismo y la lucha por los derechos civiles. Por su parte, Las cenizas de Angela adaptaba el libro de Frank McCourt, uno de sus filmes más sencillos pero a la vez más personales. Su carrera se cerró con un alegato contra la pena de muerte, La vida de David Gale, en el 2003, que tampoco obtuvo la repercusión que recibieron sus primeros trabajos.

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