Natalia de Molina, actriz: «Recuerdo mi infancia con una nostalgia amarga»

«Mi mayor temor en este oficio es que hoy estás y mañana quién sabe», asegura la intérprete de Linares que acaba de estrenar «Las niñas»


La de Linares está imparable. Acaba de estrenar Las niñas, donde interpreta a una madre soltera, repudiada por su familia, y que carga con el peso de la culpa y el sentimiento de rechazo por quedarse embarazada: «Toda esa vergüenza se queda ahí y aunque tú no quieras te condiciona a ti y a los que te rodean». Natalia de Molina (Linares, 1990) se confiesa perfeccionista y muy exigente, pero también es fresca, disfrutona y espontánea: «Prefiero hablar del trabajo bien hecho antes que de éxitos y premios». De carácter «tímido, introvertido y un poco pa'dentro», Natalia brilla quizá en el mejor momento de su carrera: «Estoy muy contenta con mi trayectoria, porque va en concordancia con mis valores, con mi forma de ser, pero no me puedo conformar con esto, quiero seguir aprendiendo y ser mejor actriz».

-Regresas al cine con «Las Niñas», una historia cercana, que acaba de recibir la Biznaga de Oro en el Festival de Málaga. ¡Menudo ojo tienes para elegir tus proyectos!

-La verdad es que cuando leí el guion, no dudé ni un instante. Me atrapó desde el minuto uno, porque me tocó el corazón. Es una historia maravillosa y además el cómo está contada y dónde y cuándo transcurre todo, me enganchó tanto que confié a ciegas en Pilar Palomero, la directora. Y sí acerté. Ahora, feliz porque la película ha sido premiada y a la gente le está llegando y eso es lo más bonito de este oficio.

-Interpretas a Adela a una joven madre soltera que carga con el peso de la culpa y con el hecho de haber sido repudiada por su familia.

-Sí. Hacer de Adela ha sido un reto increíble y apasionante. Adela es una mujer que le ha tocado reinventarse para sacar adelante sola, a su hija Celia, en un entorno donde no era aceptada, y por otro lado, sobreviviendo con la carga de la culpa y con esa tristeza y esos silencios que lo inundan todo. Meterme en la piel de Adela me ha servido para reflexionar sobre esa generación de mujeres que fueron niñas en una de las épocas más oscuras de nuestro país.

-¿Cómo construiste el personaje? ¿Buscaste referentes para poder sentir a Adela más cerca?

-En mi vida, he conocido mujeres como Adela y he observado que comparten con ella, el no poder hablar, esa represión emocional con la que sobreviven y esa pesada carga del estigma social que las persigue. Lo primero que hice fue entender la niña que ella fue y entender la educación que tuvo para comprender todos esos silencios y toda esa incomunicación con su hija. Para ello, me informé mucho históricamente de cómo era ser mujer entonces. Eran hijas de una época muy oscura, que empezaron a vivir una época más luminosa pero que cargaban con todo el peso de esa educación de la que hablo y que inconscientemente se lo transmitían a sus hijas.

-La historia transcurre en el año noventa y dos, cuando tú solo tenías dos años. ¿Cómo ha sido lo de participar en esta especie de juego de épocas?

-Un poco raro sí fue al principio. Pero también fue muy interesante, porque mis hermanas mayores me han contado que fue una época en la que se empezó a salir de la oscuridad, llegó la Expo de Sevilla, el éxito de las Olimpiadas en Barcelona, la música bulliciosa… Y luego estaba el enorme peso que tenía la educación en la sociedad, en el día a día de las familias y cómo influía, sin que fueran conscientes, en aspectos de la vida cotidiana en cada casa.

-Por cierto, ¿qué recuerdos guardas de tu infancia?

-Todos tendemos a idealizar el pasado, sin embargo, creo que todos guardamos vivencias que no fueron tan bonitas como las recordamos. Yo también viví experiencias turbias y difíciles. Mis padres se divorciaron y yo era la única niña con esta situación en casa, y si recuerdo cierta discriminación y alguna que otra mirada incómoda en clase. Recuerdo mi infancia con una nostalgia amarga, pero a la vez bonita.

-De nuevo, te metes en la piel de una madre con grandes cargas emocionales o económicas, como ya hiciste en «Techo y comida» y en «Adiós».

-Eso es. La maternidad o la no maternidad es un tema que me interesa mucho investigar y reflexionar sobre él, porque hoy hay mil maneras de vivir la maternidad y todas son válidas. Supongo que el hecho de que mi madre sea tan importante para mí, así como que todas mis hermanas tengan hijos, me ha llevado de forma inconsciente a bucear en torno al hecho de ser madre.

-¿Qué papel desempeña tu madre en tu vida?

-Mi madre lo es todo para mí. Es el amor de mi vida. Se lo consulto y se lo envío todo a ella antes que a nadie. Es mi cómplice, mi consejera, mi aliada, es uno de los pilares más importantes de mi vida. Siempre me ha animado con esto de la interpretación y cuando no me cogían en los primeros castings y regresaba a casa con un No bajo el brazo, me animaba y me decía: “ya saldrá otro. Sigue”. Somos cuatro hermanas y siempre ha luchado por nosotras y por apoyarnos en todo lo que hemos hecho.

-¿Con qué te quedas del personaje de Adela? ¿Qué te ha enseñado?

-¡Uf! Adela me ha reencontrado con mi niñez, con ella he viajado a mi infancia y me he reencontrado con la generación de mi abuela y de mi madre, que han cargado con prejuicios y culpas y que a veces, y de forma inconsciente, nos han transmitido a las generaciones posteriores. Esta historia es un canto a encontrar nuestra propia voz, a dejar de ser sumisas, a no tener miedo a hablar y a expresar y soltar y liberarte de las cargas del pasado. Ha sido una aventura muy bonita y emocionante.

-¿Cómo ha sido rodar con Andrea, la niña que interpreta a Celia, tu hija en la película?

-Ha sido increíble. Conectamos desde el minuto uno, porque ella es muy tímida e introvertida, como yo, por lo que nos entendíamos muy bien. Trabajábamos desde la improvisación y ha sido muy enriquecedor. He disfrutado mucho con esta peli.

-¿Cada vez que comienzas un nuevo trabajo, el contador se pone a cero?

-Sí. El pasado y lo vivido antes no existe. Vivo un cóctel molotov de muchas sensaciones y emociones: desde la ilusión y el entusiasmo por todo lo que aprenderé hasta el vértigo y el nudo en el estómago por no saber si seré capaz de llevarlo a cabo. Siento tanta responsabilidad por dar vida a otra persona y tengo un compromiso tan grande con este oficio que al principio, me siento muy pequeña. Después, a medida que van pasando los días, voy comenzando a disfrutar, pero se me pasa del todo cuando llego a casa y termina el rodaje.

-Llevas una trayectoria relámpago y ya has ganado dos Goyas por «Vivir es fácil con los ojos cerrados» y por Techo y comida. ¿Has logrado ya superar el miedo y la inseguridad?

A mí el miedo no se me va nunca y creo que con los años aumenta. Cada vez tengo más incertidumbre. Eso hace que me exija más a mi misma en cada trabajo y que me dé miedo equivocarme. Soy muy perfeccionista y exigente conmigo misma. Por eso, mi objetivo no ha cambiado: quiero seguir creciendo y ser mejor actriz. No puedo pensar que ya está todo hecho. Me queda mucho por aprender.

-¿Estás quizá en tu mejor momento?

-Estoy en momento muy dulce y muy bonito. Estoy muy contenta y me siento muy agradecida, porque estoy viviendo experiencias increíbles. Ojalá me sigan saliendo proyectos tan apasionantes como hasta ahora.

-Hagamos ciencia ficción. Si pudieras elegir tu próximo proyecto, ¿qué te gustaría hacer?

-Probar cosas nuevas. Me encantan los retos. Mira, me encantaría trabajar más desde lo físico que desde la emoción. Me apetece mucho hacer una peli de acción. De estar todo el día corriendo, saltando, una historia en la que no paras, de acá para allá. También estaría genial hacer algún papel de una mujer con una vida fascinante. Susana Estrada tiene ese punto y creo que sería muy enriquecedor.

-En tu filmografía descubrimos, sobre todo, historias cercanas, de las que llegan al corazón, de las que hacen nos reflexionar y con las que el público pueda identificarse. ¿Te has vuelto más selectiva ahora con tus trabajos?

-No lo creo. Siempre he sido muy selectiva con los proyectos en los que he participado. Tengo que creer en la historia y me tiene que tocar la fibra, me tiene que pellizcar. La verdad es que estoy muy contenta con mi trayectoria, porque va en concordancia con mis valores, con mi forma de ser, con como soy yo y quiero seguir en esta línea. A ver.

-Y, ¿cómo es la Natalia de andar por casa?

-Pues muy sencilla, muy normal. Me encanta disfrutar de mi familia, echar ratos con mis amigos, pasear con mis dos perritos e ir al cine. Eso sí, soy bastante tímida e introvertida.

-¿Te gustaría disfrutar de una larga e intensa carrera como Concha Velasco o Lola Herrera dos de nuestras actrices más veteranas?

-¡Claro! Por supuesto. Este oficio es una carrera de fondo y me encantaría poder seguir trabajando hasta la madurez, pero nunca se sabe. Ese es mi miedo con esta profesión, la incertidumbre y que hoy estás y mañana quien sabe.

-Ya tienes dos premios gordos del cine español, además de otros reconocimientos, como la biznaga de plata. ¿Eso es el éxito para ti?

-Los premios son un regalo maravilloso y me siento muy orgullosa por tenerlos, porque reconocen mis trabajos y me indican que estoy trabajando duro, pero no puedo quedarme con eso, si quiero ser mejor actriz, tengo que seguir adelante, superando barreras. Para mí, el éxito es poder seguir trabajando como actriz muchos años y poder seguir eligiendo las historias en las que participo.

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