Dani Rodrik: «Mientras la UE no decida entre mercado y soberanías nacionales, la democracia está en peligro»

El economista y premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2020 dice que «muchos gobiernos nacionales, y el gobierno federal de EEUU en particular, han gestionado la crisis muy mal»

El economista Dani Rodrik, premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2020
El economista Dani Rodrik, premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2020

El acta del Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales decía: «Sus estudios señalan la necesidad de mejorar el gobierno de la globalización, un asunto de gran relevancia en un tiempo en el que el multilateralismo está en cuestión». ¿Está de acuerdo con este punto de vista?

Necesitamos mayor gobernanza de la globalización tanto en el ámbito local como en el internacional. Creo que muchos países empezaron a pensar en la globalización económica ?competitividad internacional y flujo de capitales- como en un fin en sí mismo más que en un medio para conseguir economías y sociedades exitosas. Y eso ha generado de alguna manera prioridades equivocadas, con demasiada poca atención a lo que debe ser hecho localmente para construir un modelo económico inclusivo y exitoso. La gestión de la economía local se convirtió en rehén de la globalización, en lugar de que la globalización sirviera a las necesidades de la gestión de la economía local.

-Usted escribió sobre el fenómeno de la globalización hace más de 20 años. ¿Cree ahora que su análisis fue correcto? ¿Cuál es la diferencia entre el mundo de 2020 y el que usted imaginó en 1997?

Cuando escribí ¿Ha ido la Globalización demasiado lejos? (Has Globalization Gone Too Far?) en 1997, era la cima de fiebre globalizadora. La globalización fletaría todos los buques y enriquecería a todas las naciones; y, en todo caso, era ineviable, de modo que no tenía sentido intentar controlarla. Yo señalé que tanto la teoría como la historia económica podían ofrecer un relato más matizado sobre las probables consecuencias de la globalización avanzada. Habría ganadores y perdedores, y tensiones crecientes entre ellos. Habría también conflicto entre los valores de los globalistas y los partidarios de los acuerdos locales y la diversidad institucional. Creo que estos conflictos tuvieron lugar. [Donald] Trump, su guerra comercial, y los desafíos económicos que planta China son todos consecuencias de haber visto nuestros acuerdos económicos internacionales desde la perspectiva de unas gafas que eran demasiado color de rosa.

-¿En qué consiste la paradoja de la globalización?

Es realmente un trilema, ¡pero mi editor pensó que no se podía poner el término trilema en una portada! Dice que no puedes tener democracias responsables, soberanía nacional e hiperglobalización al mismo tiempo. Una de las tres debe rendirse. Para la Unión Europea, específicamente, significa lo siguiente: Si queremos sostener la democracia en la UE, tenemos que alcanzar o bien una integración política entre estados mucho más intensa o una integración económica mucho menor. En otras palabras, es una alternativa entre renunciar a la soberanía nacional o abandonar elementos del mercado único la unión monetaria. Mientras la UE no tome una decisión, la democracia estará en peligro.

-¿Qué podemos aprender sobre la pandemia de la covid-19? ¿Somos suficientemente fuertes, como sociedad global, para afrontar esto o incluso algo peor?

Creo que la pandemia muestra la debilidad tanto de las gobernanzas nacionales como de la global. De una parte, una Organización Mundial de la Salud más fuerte y mejor dirigida podría haber sido más eficaz en reunir y difundir información y en desarrollar terapias y vacunas. Pero, lo que es aún más importante, muchos gobiernos nacionales -el gobierno federal de EEUU en particular- han gestionado la crisis muy mal. La covid es una llamada de atención para un mejor liderazgo de gobierno a nivel nacional.

-En cierto modo usted predijo el retorno del populismo como una respuesta a algunos desajustes económicos y sociales: Trump, Bolsonario, Johnson, tal vez Putin… ¿Era inevitable esa evolución política?

Creo que una reacción populista era muy probable, si bien no inevitable. Fue el resultado de desigualdades crecientes en muchos países -e incluso donde la desigualdad no necesariamente se incrementó-, del aumento de la incertidumbre económica, de exprimir los ingresos de la clase media y de la desaparición de los buenos trabajos. Estas últimas tendencias fueron bastante universales. Lo que resultaba menos claro es de qué manera la reacción vendría de la derecha o la izquierda del espectro político. Por varios motivos, la izquierda tardó en dar respuestas. Así que fue el ala derecha del populismo quien sacó ventaja de la ansiedad económica y social producida por nuestras políticas en tecnología, globalización y mercados en general.

-Así, ¿ve algún paralelismo con los años 30 del siglo pasado, o estamos en un mundo completamente diferente?

Sí, hay algunos paralelismos, pero no creo que las cosas caigan tan bajo. Aprendimos algunas lecciones de la Gran Depresión. Por ejemplo, la respuesta fiscal a la pandemia ha sido rápida y mucho más efectiva. De forma similar, tenemos una interdependencia económica mucho mayor y es improbable que se produzca un colapso total del comercio. El mal escenario de hoy consiste más bien en cómo salir del paso, más que un desastre de las proporciones de los años 30.

-¿Está usted preocupado por alguna situación internacional en concreto?

El cambio climático y el conflicto entre EEUU y China son dos desafíos enconados que necesitan ser abordados. Los guiones de pesadilla en ambos casos son demasiado espantosos para considerarlos: el desastre medioambiental y la guerra nuclear, respectivamente.

-Hacia el año 1900 la población mundial era de unos 2.000 millones de personas. Actualmente hemos alcanzado los 7.800 millones. ¿Cuánto puede crecer aún la población, y cuáles serían las consecuencias tomando previsiones más altas o más bajas?

Yo no veo que el crecimiento de la población sea necesariamente un problema. Al final, un exitoso desarrollo económico tiene como consecuencia una reducción de la tasa de fertilidad. Esto ha ocurrido en muchos países que eran pobres hace pocas décadas. El desafío es asegurarse de que los países de bajos ingresos en África, Asia y Centroamérica tengan oportunidades para desarrollarse.

-Desde hace algunos años, el movimiento ecologista está creciendo rápidamente, especialmente entre los jóvenes. ¿Está cambiando el modelo?

Espero que los jóvenes de hoy sigan luchando por políticas medioambientales más responsables. Esa es, realmente, nuestra única esperanza.

-¿Eso son buenas o malas noticias para la economía?

El cambio climático es el ejemplo más importante de lo que los economistas llamarían una «externalidad negativa». Por suerte, la economía y la energía política de la juventud están completamente alineadas en este caso. ¡Eso son buenas noticias!

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