Juan Gabriel Vásquez: «Para mí, el novelista es un historiador de las emociones»

El escritor colombiano narra en «Volver la vista atrás» la increíble peripecia del cineasta Sergio Cabrera

Vásquez terminó su novela durante la pandemia
Vásquez terminó su novela durante la pandemia

Autor de las premiadas novelas El ruido de las cosas al caer, Las reputaciones o La forma de las ruinas, de colecciones de relatos como Canciones para el incendio, y ensayos literarios, Juan Gabriel Vásquez (Bogotá, 1973) es uno de los escritores latinoamericanos más destacados y originales. En Volver la vista atrás (Alfaguara) cuenta la increíble historia del director de cine colombiano Sergio Cabrera, desde las peripecias familiares durante la Guerra Civil española y el exilio en varios países de América, a su estancia en la China de la Revolución Cultural como guardia rojo y sus tres años en la guerrilla maoísta colombiana. «Cabrera nunca ha dejado de ser un hombre de izquierdas, pero ha sido capaz de revisar y criticar de forma muy lúcida y valiente el lado fanático y totalitarista de las ideologías que marcaron su vida», afirma. El cineasta revisó el manuscrito, pero «no censuró absolutamente nada, porque entendió que no valía la pena pasar por todo este trabajo, 30 horas de conversaciones y la búsqueda de documentos, para maquillar la realidad», señala.

-¿Cómo nació este libro?

-En el 2013 Sergio Cabrera recibió una propuesta de una productora de que hiciera una película basada en su experiencia en China en los años 60. Me encargó que escribiera la historia y para ello nos sentamos con una grabadora a hablar de su vida. El proyecto nunca se llevó a cabo pero me di cuenta de que ahí había una historia que me interesaba y quería contar en forma de libro. Enfermé de coronavirus en marzo, fui unos de los primeros casos en Colombia, no necesité hospitalización, pero fue duro, tuve neumonía en un momento en el que no se sabía nada. Esta novela la terminé durante la pandemia, fue como un refugio para escapar del caos que estábamos viviendo.

-Leyendo su libro hay que estar de acuerdo con que la realidad supera muchas veces la ficción.

-Si hubiera querido escribir una historia completamente inventada no habría podido meter todo esto en un mismo libro porque nadie se lo creería. La vida de Sergio es como una especie de Zelig, el personaje de Woody Allen, o de Forrest Gump, que parece que están presentes en cada momento definitivo de la historia de su tiempo.

-¿Cuánto hay de ficción, porque es una novela?

-Es una obra de ficción, aunque no hay episodios imaginarios, porque es una interpretación de los actos, las motivaciones, las emociones y la moralidad de los personajes. Porque, para mí, el novelista es un historiador de las emociones. Esa investigación en la vida ajena es ficción para mí. Es eso a lo que me refiero cuando hablo de imaginación moral, tratar de ver el mundo desde el punto de vista de otra persona que está viva y que pasó por estos hechos.

-En la novela convergen dos de sus preocupaciones, el peso del pasado y la influencia de la ideología en la vida de las personas.

-Desde luego, y diría que hay un tercer asunto, la forma cómo los grandes movimientos históricos nos arrastran e incluso pueden hacer que descarrilen nuestras vidas privadas. Cuando Sergio empezó a contarme su vida vi que estaba ante un libro mío. Su vida y la de su familia se vieron arrastradas por grandes movimientos históricos de una manera que no hubiera podido inventar.

-El peso del pasado familiar está muy presente en Sergio.

-Por eso la novela está construida de esa forma. A partir de un momento presente, en octubre del 2016. En muy pocos días su vida entera entró en crisis, su padre había muerto, su matrimonio se estaba cayendo y en Colombia se habían rechazado los acuerdos de paz en un plebiscito, lo que fue muy doloroso para los que los apoyábamos. En ese momento recibió una invitación de la Filmoteca de Catalunya para una retrospectiva de sus películas. La metáfora me pareció inmejorable, tenía clarísimo que lo que tenía que construir en la novela era ese momento para qué el hiciera una especie de retrospectiva de su vida.

-¿Cómo personas tan cultas e inteligentes como el propio Sergio o su padre Fausto pudieron apoyar algo tan aberrante como fue la Revolución Cultural?

-Es una de los rasgos fascinantes que quería explorar. En mi opinión, esos movimientos se parecen mucho a la religión. Esta novela puede leerse como una novela de aventuras, pero también como una gran aventura de las ideas, cómo tienen esa capacidad tan misteriosa de pensar por nosotros, de tomar control de nuestras vidas. Yo, como latinoamericano, lo he vivido constantemente, lo he visto muy de cerca y aquí había un gran ejemplo de la vida real.

-Sergio ve cómo profesores suyos en China son vejados y personas próximas son encarceladas sin motivo pero siguen fieles a la ideología maoísta.

-Sergio dice que la novela también es una exploración del fanatismo. Lejos de ser una reliquia de tiempos más convulsos e ideologizados es algo que estamos viendo todos los días. Sin esa capacidad que tenemos para la ceguera voluntaria no se entendería el trumpismo. Es un libro que también quiere dialogar con nuestra realidad, en la que también los fanatismos están muy presentes en nuestra vida colectiva.

«Figuras como Maduro y Ortega hacen un daño terrible» 

Vásquez es muy crítico con la situación política de su país y con regímenes como el de Maduro.

-¿En qué situación está el proceso de paz en Colombia?

-Es muy decepcionante para los que defendimos los acuerdos de paz. La derrota en el plebiscito tuvo mucho que ver con una gran campaña de distorsión, mentiras y desinformación. Esa parte de la sociedad colombiana que se opuso a los acuerdos llevó al poder al presidente actual, Iván Duque. El partido de gobierno se ha dedicado a sabotear las instituciones que han salido de los acuerdos de paz, la Justicia especial para la paz y la Comisión de la verdad, nacidas para averiguar y juzgar lo que sucedió durante la guerra. Hay sectores colombianos muy interesados en que la verdad nunca se sepa, se sepa a medias o muy distorsionada. Es profundamente preocupante. El año pasado fue más violento y mortífero desde que las FARC y el Gobierno firmaron el cese el fuego.

-¿Cómo valora el regreso al poder de la izquierda en países como Bolivia o Ecuador?

-En América Latina ha habido una predominancia de la izquierda populista, la más sectaria y demagógica, que ha llevado al poder a figuras tan terriblemente nocivas y antidemocráticas como Maduro o Daniel Ortega o incluso Rafael Correa y esto hace un daño terrible al continente. Para los que creemos en una izquierda democrática, capaz de negociar, ha sido muy retardatario, porque son regímenes en los que las libertades civiles y los derechos humanos han sido muy recortados causando mucho sufrimiento. En Colombia lo sabemos bien porque hemos recibido a más de un millón de venezolanos que salen huyendo de ese desastre que es el régimen de Maduro. Por eso, hay que ver el regreso de qué izquierda, si es la democrática y liberal o ese populismo extremo.

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