El fútbol resiste a las sinrazones


Uno quiere irse a toda costa y el otro no se mueve por más que lo empujen. Neymar, que en su día dejó el Barça para ganar más dinero en el PSG, no está contento en París. Le encantaría volver o cambiar de equipo. Bale sabe por boca de Zidane que el técnico no lo quiere a sus órdenes. Hace dos años, el galés, tras ganar la Champions en Kiev, dejó entrever su deseo de marchar porque la sombra de Cristiano Ronaldo le quitaba brillo. Pero se fue el portugués, no aprovechó para coger vuelo y ahora dice Diego donde decía digo. No quiere saber nada de otros destinos.

Son dos casos que encajan en aquella célebre frase que dirigió Marcelo Bielsa en el vestuario del Athletic después de perder las finales de Copa y de Europa League: «Ustedes son millonarios prematuros, no tienen problemas, no les importa mayormente lo que va a pasar, porque todo el mundo tiene resuelto lo que va a pasar. Se permiten reírse...». Les achacaba que habían decepcionado a la afición, no por perder, sino por la manera de caer y la digestión de esas derrotas.

El caso es que el fútbol puede con todo. Y esos millonarios prematuros serán idolatrados, dondequiera que vayan, a poco que les acompañen los resultados. La explicación es fácil. No hace mucho tiempo, un amigo recordaba una anécdota: el presidente de un club se encontró en la calle con un trabajador de una de sus empresas, en plena faena, en un día de bochorno. Por el calor. El currante chorreaba sudor y pidió un aumento de sueldo. Pero no para él, sino para la figura del equipo, porque el futbolista no parecía estar muy contento y no era cuestión de perderlo. Por eso el fútbol puede con todo, porque el sentimiento no deja espacio a las razones. Puede incluso con batallas como las de los horarios entre la Federación Española y LaLiga, en lo que no deja de ser una guerra de poder entre dos partes incapaces de pararse a dialogar. Y, si se sientan, más que para acercar posturas es para marcar distancias, una moda incomprensible que no es exclusiva del fútbol.

El viernes arrancará la Liga. En tres semanas, como mucho, se sabrá dónde jugaran Neymar y Bale. En cuanto se sumen las competiciones europeas, habrá partidos todos los días excepto el lunes, a la espera de una decisión judicial definitiva. Así es el fútbol. La única verdad es el balón. Y la afición, fiel, que no atiende a sinrazones.

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