«La CSI lleva en su ADN que no vende a ningún trabajador y no firma EREs. No negociamos despidos»

El secretario general de la organización defiende un sindicalismo sin subvenciones ni liberados

Nacho Fuster
Nacho Fuster

Redacción

Nacho Fuster es desde el pasado mes de junio el secretario general de la Corriente Sindical de Izquierda (CSI). Su candidatura fue respaldada con 179 votos a favor, ninguno en contra y siete abstenciones, unos resultados que dejan claro que cuenta con el apoyo mayoritario de la formación. Entre sus objetivos se encuentra el de modificar la organización para que sea más efectiva y adaptarse a los nuevos tiempos pero manteniendo sus signos de identidad: ni subvenciones, ni liberados y una fuerte presencia en las calles. «Ilusionado y responsabilizado», se muestra confiado en ser capaz de ayudar a la CSI a seguir creciendo.

-¿Qué valoración hace de estos primeros meses al frente del sindicato?

-Positiva. Estoy muy ilusionado y valoro mucho la suerte de ejecutiva que tengo, que está formada por 21 personas. Nos encontramos con mucho trabajo y estamos intentando mejorar algunos aspectos, como la organización, y tenemos muchas ideas para conseguirlo. Cambiaremos la página web, redes sociales y esperamos crear un gabinete de prensa. En este aspecto quiero matizar que el sindicalismo es en la calle, no en las redes sociales, pero las dos cosas son compatibles y hay que utilizarlas. Estoy ilusionado y responsabilizado.

-¿Cuáles son los principales retos a los que se enfrenta la CSI a corto-medio plazo?

-El primero es la organización. Tenemos las responsabilidades dadas y estamos organizando Gijón. Ya se hizo una asamblea en Avilés, con una ejecutiva de 14 personas y luego lo haremos en Oviedo y después tenemos pensado seguir en Mieres. Una vez hecho esto, queremos que el engranaje empiece a funcionar, pero poco a poco, porque esto va llevar mucho tiempo. Otro de los proyectos que aprobamos en el congreso y que nos parece muy interesante es la escuela Luis Redondo. Creo que el primer día de curso podría ser en octubre. Nosotros detectamos que, en Gijón, que se lleva la carga de trabajo de Asturias, está saturada la asesoría y asesoría jurídica. Muchas veces, nuestros miembros del comité vienen a consultar por cosas muy simples, como puede ser hacer una denuncia a inspección de trabajo. Eso podemos explicárselo nosotros y enseñarles. Queremos formar a los miembros del comité para hacer denuncias, para que sepan qué hacer en caso de un ERE o con los despidos. Así solucionamos dos cosas. Devolvemos el golpe rápido al empresario y no saturamos la acción sindical o asesoría.

-Usted obtuvo un amplio respaldo de los delegados de la CSI pero a los pocos días surgió un sector crítico que cargaba contra su forma de actuar y que amenazó con impugnar el congreso. ¿Ya están superadas esas tensiones internas?

-Yo lo leí en LA VOZ y fui el primer sorprendido. Leí de ese sector crítico que iba a impugnar las elecciones. Al parecer estaba localizado en Avilés y se me criticaba porque aplaudí a Trajani y porque no participaba en los órganos de dirección. Ese mismo día me llamaron desde Avilés y me dijeron que estaban tan sorprendidos como yo. Ellos decían que iban a impugnar, a día de hoy no lo hicieron y no conozco a nadie de ese sector. Ese sector crítico no lo conocemos.

-¿Niega por lo tanto que exista división dentro del sindicato?

-Habrá un sector crítico en algún lado. Las críticas constructivas son buenísimas, pero publicar en prensa sin nombres y sin dar la cara no sé a qué obedece.

-¿Es cierto que aplaudió a Tajani?

-Es cierto que salgo aplaudiendo en una fotografía, pero voy a explicar cómo fue. En una asamblea de Tenneco se solicitó poner el nombre Tajani a una parte de la calle Miguel Hernández. Esto a la CSI no le gustó porque él viene del partido que viene, pero se acató lo que decidió la asamblea. Cuando vino Tajani, todos los miembros del comité excepto los de la CSI entraron con él a ver la fábrica. Nosotros no, pero cuando salió estamos allí y él dice que para él la mejor ciudad de España es Gijón y que será del Sporting toda su vida. Yo me dejé llevar por lo del Sporting y aplaudí por eso. Y allí había un fotógrafo que me hizo la foto.

-Los últimos años han supuesto una pérdida de fuerza de los sindicatos. ¿A qué se debe esa pérdida de protagonismo?

-Es cierto. La gente está muy cansada, pero siempre digo lo mismo: en el sofá de casa no te van a dar nada. Es fundamental salir a la calle. Entiendo que pasan los años, los políticos dicen una cosa y hacen la contraria, pero la única forma de cambiar la sociedad es salir a la calle, que es el altavoz donde se puede cambiar. No hay que esperar cuatro años a las elecciones para votar, hay que salir todos los días. A mí me entra mucha desilusión ver que sacan leyes y la gente las critica pero nadie sale. ¿Para qué vamos a salir? Con ese pensamiento el que gana es el mismo. Hagamos una cosa, por qué no salimos todos a ver si podemos. En Tenneco nos decían que era un coloso, que era imposible ganar, que nunca había perdido un juicio. Con nosotros perdió 5-0. La gente dice que es imposible, pero hay que intentarlo.

-¿En qué medida ha influido la conocida como ley mordaza en el trabajo de los sindicatos?

-Es un crimen, literalmente. Nos están quitando todo y no nos van a dejar ni salir a protestar. Si con todo eso la gente lo admite, es que nos merecemos lo que nos pase. Luego no vengas a protestar. Es como cuando dices que no vas a votar. Vota a quien quieras, pero vota. Si con tu granito de arena no haces nada, no esperes que cambie la sociedad.

-¿Qué diferencia a la CSI de los sindicatos mayoritarios?

-La CSI lleva en su ADN que no vende a ningún trabajador y que no firma EREs. Se nos critica que no negociamos. Si lo que entienden por negociar es que se les dé un poco más de dinero y al final la empresa cierre, no quiero negociar. Yo negocio todas las horas que quieran, como se hizo en Tenneco, para el mantenimiento del empleo, para que se mantenga el tejido industrial de Asturias.

-A pesar de ello, en las elecciones sindicales siguen ganando UGT y CCOO por amplia mayoría.

-Si miras el crecimiento de la CSI en los últimos 2-3 años debió crecer un 20%. Si miras el de otras secciones sindicales pierden. No mucho, pero pierden.

-¿A qué cree que se debe?

-Primero a que estaremos haciendo algo bueno y lo segundo a que ellos lo hacen muy mal. Nos ayudan bastante. Si te fijas en los movimientos en la calle, y el sindicalismo es en la calle, siempre está la CSI. Ellos se dan cuenta ahora. Uno de los altavoces que se sacó en Tenneco fue la Asamblea de Trabajadores en Lucha, fue para dar visibilidad a las empresas pequeñas que no tenían medios para hacer visibles sus reivindicaciones. Y allí hay gente de todos los sindicatos, pero tienen claro que negocia la asamblea, no las federaciones. Negocias tú, no alguien que venga de Madrid o de Oviedo.

-Se les ha catalogado como el sindicato de Podemos.

- Quiero ser tajante. La CSI siempre fue independiente y siempre lo será. No hay ni subvenciones ni liberados y así seguirá siendo. Lo tenemos claro. Podemos es un partido político y la CSI un sindicato de 36 años. No tenemos liberados porque si los hubiese no habría la militancia que hay y sin subvenciones somos el único sindicato que no está investigado. Por algo será.

-Cita continuamente a Tenneco. ¿A qué se debió el éxito de aquella protesta?

-Primero que hay que tener tu pizca de suerte. Pero fundamental fue que el 5 de septiembre hicimos una asamblea en la cual los cuatro sindicatos dijimos que no había más siglas. Estábamos todos despedidos y todos remamos en la misma dirección. Se acordó que el puesto de trabajo lo decidían los trabajadores y que no negociaban las federaciones. Además, en la manifestación del 17 de octubre del pueblo de Gijón, al que estaré eternamente agradecido, participaron 14.000 personas. No era porque fuéramos más guapos, sino porque la pancarta era de la asamblea de trabajadores. Pedíamos lo más digno de esta vida, que te devuelvan el puesto de trabajo. Después empujamos a los políticos. Nosotros no íbamos a verlos, venían ellos a la fábrica porque no queríamos que nos vincularan con nadie. Todo el que venía a ayudar era bienvenido. Después de eso la gran suerte de que Masip conociera a Tajani y así se consiguió la reapertura.

-¿Por qué no se consiguió lo mismo en fábricas con una situación similar?

-Por ejemplo, un año antes ocurrió el caso Suzuki en Gijón. Ese se rompió por el dinero. Hasta el último día tuvieron una prima por sacar hasta la última moto de la fábrica y la gente lo cogió. Acepto el cierre de la fábrica y ahí cada uno optó por sacar todo el dinero que pudo. En Gijón Fabril fuimos los de Tenneco, que sabemos lo duro que es, y les explicamos lo que hicimos y cómo nos salió bien, lo que no quiere decir que tuviese que funcionarles a ellos. Pero el primer día en el comedor ya me fui triste porque noté división. Lo primero que les decíamos era que no queríamos dinero, que queríamos el puesto de trabajo, y vi gente que ya hablaba de cuánto le tocaba a cada uno. Otros estaban comprometidos por la causa. Les explicamos que lo fundamental es que no saquen la maquinaria y alguno preguntaba si había que ir todos los días. Al principio iban todos, luego alguno. Se veía diferente. Nosotros tuvimos la suerte de que todos fuimos a una. Gente que tenía la vida asegurada con la indemnización luchó por el puesto de trabajo para los jóvenes y eso son cosas que hay que valorar. A la gente le meten por la televisión que es todo imposible y lo acepta. Si ya tienes el no, inténtalo.

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