50/30/20, la norma para la economía doméstica que permite llenar la hucha

El método 50/30/20 ayuda a separar lo necesario para cubrir las necesidades básicas, darse algún capricho y dedicar todos los meses una interesante partida al ahorro


Redacción / La Voz

Inmersos en plena cuesta de septiembre toca poner coto al bolsillo. Tras el despilfarro estival son muchos los que miran sus finanzas con cierta preocupación prometiéndose que este año se sumarán a la fórmula del ahorro. Pero guardar para mañana no es tarea sencilla. Cuando nos proponemos alejarnos del dispendio la primera pregunta que se nos viene a la cabeza es: ¿Cómo lo hago?

Planificar y controlar es la fórmula, y para ello es necesario evitar lo que se conoce como gastos hormiga, esos pequeños consumos de unos pocos euros que en el momento no notamos y que a final de mes acaban mordiendo de forma importante el presupuesto. Acotar el gasto superfluo es posible y pasa por sumarse a fórmulas como la regla 50/30/20, creada por la profesora de Harvard Elizabeth Warren.

Abrazar este método permite conocer en todo momento los gastos que tenemos y saber cuánto dinero estamos dedicando a ahorrar. Y su funcionamiento es mucho más sencillo de lo que pensamos. Así funciona el 50/30/20:

El 50 % del dinero de tu sueldo debe ir dedicado a los gastos básicos, entendiendo estos como hipoteca, facturas, comunidad, la cesta de la compra del mes? Estos son los gastos que se van a realizar de forma ineludible.  Es posible que llegado el día 30 sobre algo de esta fracción de presupuesto. No debemos dejarnos llevar por el consumismo más exacerbado. Los expertos recomiendan no gastarlo en cosas innecesarias y sumarlo, por ejemplo, al monto dedicado a gastos básicos del mes siguiente.

Uno de los retos al que muchos se enfrentarán será discernir y distinguir entre qué es lo necesario y qué es un capricho. No es un paso sencillo. Hay que empezar por los cimientos. Es decir, poner sobre la mesa todo aquello de lo que no podemos prescindir de ninguna manera, como la comida o la casa (tanto sea la hipoteca como el alquiler), los gastos obligados y las facturas. Lo de reducir y adaptar los gastos al 50 % del sueldo es una tarea complicada, pero una vez alcanzado, el trabajo está casi hecho.

El siguiente nivel de esta fórmula es el del 20 %, el dinero que cada mes debe restarse al sueldo para dedicar al ahorro. Este dinero nos va a permitir tener un colchón para salvar posibles deudas, reformas imprevistas o arreglos por sorpresa. A corto plazo seguramente sea una de las inversiones más dolorosas, porque no supone un disfrute inmediato.

Hay que tener en cuenta que dentro de esta categoría también van incluidas fórmulas de ahorro como los planes de pensiones privados y otros productos bancarios. Para evitar la tentación, deberíamos alejar el dinero de nuestro haber. Lo más adecuado es ir almacenando el dinero ahorrado en una cuenta bancaria diferente a la habitual, lo que nos va a permitir ver cómo va creciendo la cantidad -y la motivación- cada mes.

Y lo que queda, el 30 %, tiene como destino quizás la parte más apetecible: los gastos personales. O todas aquellas actividades de ocio que se realizan habitualmente. Algunas veces irá destinado a adquirir ropa, otras a actividades de recreo y a viajar e incluso en muchas ocasiones a paliar los gastos en regalos que traen consigo ciertas festividades. ¿Y si sobra? Pues directo a engrosar un poco la cuenta del 20 %.

Teniendo las dos partidas anteriores controladas es muy posible que disfrutemos de los gastos de ocio mucho más. ¿Por qué? Pues porque sabiendo que las necesidades básicas están cubiertas y que hemos sido capaces de ahorrar un poco, darnos un pequeño capricho nunca nos sentará mal. Probablemente lo más complicado en este momento sea trazar la delgada línea que separa las necesidades de los caprichos. Alimentarse es una necesidad, pero comer fuera de casa es un capricho. Cubrir las facturas de los servicios es un gasto básico, pero tener un servicio de móvil o de televisión por cable con todos los lujos, es muy probablemente un gasto que depende de este último 30 %.

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