Así es el timo eléctrico o «electrotocomocho»

Se ofrece un descuento que es como el timo del tocomocho porque una de las prácticas es hacerlo después de haber incrementado en la misma cantidad la tarifa base

Así ocurre el timo eléctrico Así ocurre el timo eléctrico

Hablemos de eléctricas. Esta vez nos centraremos en el engaño de pasar del mercado regulado al libre sin saberlo. Es importante saber que el primero es más barato que el segundo (ver http://www.lavozdegalicia.es/noticia/economia/2017/03/12/electricas-enganan-tontos).

Si observamos el gráfico adjunto, vemos una pareja que está en el mercado regulado y disfruta de un bono social, que es la tarifa con un descuento del 25 % que beneficia a consumidores con potencia contratada en su primera vivienda menor a tres kilovatios, pensionistas con 60 o más años y que reciban la pensión mínima, familias numerosas, familias con todos sus miembros en paro y aquellos que tienen una tarifa social anterior al 1 de julio. Pues bien la pareja recibe una llamada telefónica o la visita de un comercial de una de las compañías eléctricas. Le convence para que se cambie. Para ello, le ofrece un descuento que es como el timo del tocomocho. ¿Por qué? Una de las prácticas es hacerlo después de haber incrementado en la misma cantidad la tarifa base. La pareja acepta. En ese momento pierde el bono social, pasa al mercado libre y, normalmente, con la aceptación ha suscrito otro tipo de servicio como por ejemplo la contratación de un seguro por si se estropea la nevera.

El horror de la primera factura

Cuando a los consumidores del ejemplo les llega la primera factura se quedan anonadados porque se dan cuenta que es más cara que la anterior. Entonces, reciben de nuevo una llamada de un comercial. Pero en esta ocasión de la primera compañía. «¿Quieren ustedes volver con nosotros?», les preguntan. «Claro», dicen ellos. Piensan que van a volver a su estado inicial. Pero no es cierto. Los vuelven a captar, pero para el mercado libre. Así que no recuperan el bono social y pagan más por el recibo de la luz. Además, aquel seguro que contrataron por si se les estropeaba la lavadora lo seguirán pagando porque tienen que darlo de baja ellos, directamente. Y para colmo, es probable que tengan que abonar una penalización por haberse ido antes de un año. Ahora solo queda echar cuentas y calcular el perjuicio que estas prácticas le han causado a una persona de 80 años que ha perdido el bono social hace tres o cuatro por un engaño.

Esta realidad fue explicada por comerciales que operan en Galicia para dos compañías eléctricas. En realidad son teleoperadores que se dedican, como ellos mismos reconocen, a «captar» y «recuperar» clientes. Cobran en torno a mil euros al mes por ocho horas de trabajo en las que la angustia puede acabar en depresión.

«Nosotros -explican- somos simplemente comerciales. No somos los que engañamos a las personas, nos dedicamos a seguir un estándar en las llamadas (como una partitura) con unas pautas de lo que hay que decir y de lo que hay que omitir». Aseguran que están en este trabajo porque no encuentran otra cosa, y porque después de enviar decenas de currículos siempre llaman de la misma oferta: teleoperador. «Somos un grupo de personas presionadas para vender hasta los límites que no se imaginan, las llamadas van una tras otra hasta cumplir una media de 150 diarias para un contrato de ocho horas [que tienen unos pocos privilegiados, por cierto]. Toda esta precariedad y abuso se justifica porque en el fondo somos un grupo de frustrados fracasados con carrera y sin empleo, que nos hemos sentado detrás de un ordenador que nos cubre y nos da la coraza para vivir en un amargo anonimato», dice el entrevistado.

«¡Menudo trabajo!»

Cada vez que sale de casa, piensa que su trabajo consiste en «realizar ventas para perjudicar a las personas. ¡Menudo trabajo! Porque todo lo que hacemos es fastidiar a consumidores inocentes víctimas de su ignorancia y atrapados en el silencio que obliga la empresa». Hay amenazas veladas por parte de la compañía que presta estos servicios, porque siempre se puede llevar la campaña a otro país del tercer mundo para reducir costes. «Tendría que oír a las personas que creen que las llamamos para que paguen menos y es mentira. No ves datos como su edad. Y aunque te la digan o te digan que es pensionista nunca puedes aconsejar que se acoja al bono social», subraya el entrevistado. Este advierte: «Dice la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia que fueron ocho los casos denunciados por estas prácticas abusivas. Pero nosotros podríamos enviarle 50 casos semanales de atracos a personas mayores, y otros 50 de ventas con engaño y perjudiciales. Pero no puedo porque necesito mi empleo y he firmado que la información que allí se genera, allí se queda». Haciendo una simple regla de tres, la última multa impuesta a las compañías comercializadoras de electricidad «por no presentar las garantías exigidas» representa a su beneficio lo mismo que a un sueldo de mil euros pagar tres céntimos. Es decir, nada. Solo un dato, las grandes compañías eléctricas tienen todas las tarifas. También las del mercado regulado. Así que vamos a intentar no quedarnos con los pelos de punta después de haber sido víctimas de un electrotocomocho. 

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