Esclavos, insultados y estresados por el reloj

Algún magistrado ha calificado el telemárketing como una actividad próxima a la esclavitud

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Una llamada insistente entra a las cuatro de la tarde de un sábado en su teléfono. Al otro lado de la línea, un teleoperador que repite su nombre e intenta convencerle de que el seguro de decesos que él vende y usted no tiene es imprescindible.

-No lo quiero, y deje de molestar.

Antes de concluir la frase, la llamada se corta. El teleoperador no pierde tiempo. Lo penalizan. Debe realizar una nueva llamada. Y otra. Y otra más. Entre cada una solo tiene 23 segundos de descanso por ley. Hay riesgo psicosocial.

El trabajador vuelve a soportar insultos y, lo peor, siente que está engañando al que está al otro lado del teléfono. La autoestima cae al suelo y al final de mes un salario de menos de 1.000 euros por ocho horas insoportables.

Algún magistrado -sentencia número 271/2012 del Juzgado de lo Social número 3 de Cantabria- ha calificado el telemárketing como una actividad próxima a la esclavitud: «Se ignora por qué la empresa no respeta este intervalo mínimo, negociado en convenio colectivo (se puede sospechar), pero lo que no es posible compartir jurídicamente es que ya en pleno siglo XXI un empleador someta a sus operarios a un ritmo de trabajo frenético y, además, pretenda obtener un rédito mercantil en términos de eficacia y rendimiento». «Se estima -añade el fallo judicial- que la actitud de la empresa empeñada en concentrar al máximo las llamadas a atender por sus trabajadores es más propia de un sistema oriental que occidental».

La precariedad laboral lleva aparejado el estrés que genera saber que tal o cual campaña de ventas puede dejar de desarrollarse en Galicia, Madrid o Albacete para trasladarla a cualquier parte del globo terráqueo. Argentina y Marruecos valen de ejemplo. Esto es globalización. Ni una distracción y ni una palabra malsonante y, si la situación ya no se soporta, morderse la lengua o apretar el botón de mute, si es que lo hay. Si lo hay, permite decir un «joder» de desahogo para, un segundo después, continuar con la venta.

El nuevo convenio

El primer convenio de telemárketing se firmó en 1999. Y CC. OO. y UGT están a punto de ratificar el sexto. A partir de ahora:

- Los contratos de obra y servicio firmados antes del 18 de junio del 2010 se convertirán en indefinidos el 31 de diciembre del 2018, aunque siguiendo un escalado.

-Se crean dos nuevos turnos horarios, uno de 9 a 18 horas y otro de 12 a 21 horas, en los que solo podrán trabajar personas contratadas con jornada completa. Las empresas tendrán la obligación de ofrecer a los trabajadores con contratos a tiempo parcial incorporarse a esos horarios con jornada completa antes de realizar nuevas contrataciones.

-El máximo de días que se podrá trabajar de forma continuada pasará de 11 a 8.

-Las empresas estarán obligadas a comunicar a los trabajadores sus horarios con 14 días de antelación, y solo podrán modificarse un máximo del 20 % de estos. En ese caso, tendrán que avisar como mínimo con una semana de antelación.

-Respecto al aumento salarial, la parte más complicada en la negociación, será de un 1 % por encima del IPC en el período conjunto de la aplicación del convenio.

-Y las embarazadas tendrán más descansos.

Hay logros, pero aún queda por hacer. Quizá la Justicia acorte plazos.

sofia.vazquez@lavoz.es 

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