Donde Asturias deja marca

La construcción de barcos y la industria agroalimentaria encabezan las actividades en las que la comunidad autónoma destaca en los mercados internacionales

El velero-escuela que construyó Astilleros Gondán.
El velero-escuela que construyó Astilleros Gondán.

Oviedo

De repente, el sector naval asturiano, el de la construcción de barcos, que desde el inicio de la reconversión de los astilleros públicos allá en los años 80 solo había dejado noticias de cierres, accidentes laborales y lucha sindical para salvar los puestos de trabajo, empezó a generar informaciones con aspectos positivos. No se trata de un cuadro que solo incluya tonos rosados, porque de la planta gijonesa de Armón (las antiguas instalaciones de Juliana, privatizadas a comienzos de esta década) se ha hablado mucho en los últimos años por los accidentes laborales, la falta de seguridad laboral y las protestas de la plantilla para conseguir mejoras en sus condiciones. Pero lo cierto es que, por primera vez en más de 30 años, la actividad del naval ya no solo se asoma a los medios de comunicación por malas razones. Asturias lidera ahora el crecimiento del sector en España y acapara la mayoría de los encargos de nuevas embarcaciones que las navieras internacionales solicitan a los astilleros de titularidad privada.

El diseño y el ensamblaje de buques es una de las actividades en las que la comunidad autónoma destaca y forma uno de los núcleos que todos los expertos identifican para el desarrollo de una marca Asturias que ayude a potenciar los productos y los servicios que las empresas asturianas ofrecen a sus clientes. Armón, que tiene otra planta en Navia, además de sus instalaciones en Gijón y en Galicia, y Gondán consiguieron el año pasado cerca de la mitad de las órdenes de construcción en toda España. La segunda de las empresas, radicada en Castropol, ha desarrollado una relación fructífera con Noruega, un país que, en los últimos años, le ha confiado la construcción de tres punteros remolcadores con tecnología dual de propulsión (funcionan con gas y diesel) y otro moderno buque, aún no entregado, que se dedicará a la investigación oceanográfica.

De las instalaciones asturianas salen también pesqueros, mercantes y catamaranes para transporte de pasajeros. El naval no mueve aún cifras desorbitadas de dinero (su peso en el PIB regional no llega al 3%), pero su capacidad para sacar cabeza en un mercado mundial muy competitivo y amenazado por la competencia barata de algunos países demuestra que la tradición industrial asturiana, con su experiencia en la ingeniera civil y en el sector del metal, puede encontrar su nicho gracias al diseño y a la calidad de sus productos. Gondán es,a demás, una fuente de empleo para toda la comarca occidental. Su plantilla propia apenas alcanza los 50 empleados, pero maneja una red habitual de contratistas con los que, cuando el astillero tiene suficiente carga de trabajo para funcionar a plena capacidad, reúne casi 600 personas a su servicio.

Si las tecnologías punteras del sector naval son uno de los extremos de la marca Asturias, el otro ha de ser la simplicidad y el sello verde de la industria agroalimentaria. En ese campo, la comunidad autónoma recoge los frutos de haber ligado su imagen turística a sus paisajes y a su patrimonio natural. Central Lechera Asturiana es una referencia en su sector y, en los últimos años, los arándanos ecológicos producidos en Llanera se han abierto paso en los principales mercados europeos, especialmente en el del Reino Unido.

Con sus diez variedades de alimentos protegidos por las figuras de la denominación de origen o la indicación geográfica, el sector emplea a más de 7.000 personas y factura al año alrededor de 2.000 millones de euros. Muchas voces apuestan por reforzarlo como señal de identidad en los mercados globales para conseguir que aumente su peso en la economía regional. Ahora representa aproximadamente el 2,5 del valor añadido bruto de todo lo que generan las empresas asturianas.

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