Irlanda también obra milagros

La benevolencia fiscal da alas a la economía del país, que se acerca al pleno empleo

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redacción / la voz

Corría el mes de noviembre del 2010 cuando Irlanda claudicó y pidió el rescate. Se convertía así en el segundo país de la eurozona en clamar auxilio. Y todo en apenas seis meses. Antes ya se había rendido Grecia. Después caería Portugal. Más tarde España. Y Chipre. Y luego otra vez Grecia... La crisis parecía no tener fin... Pero no hay mal que cien años dure. Y así ha sido. Han pasado algo más de siete de todo aquello, y las cosas están mejor. Y, si no, que se lo digan a Portugal.

Hasta Grecia, el país donde empezó todo, comienza a ver destellos de luz al final del túnel. Lejanos, pero se vislumbran. Eso sí, casi 260.000 millones de euros en rescates y montañas de sacrificios después.

Tanto que el Gobierno de Alexis Tsipras confía en salir del tercer programa de asistencia financiera -así es como se les llama a los supuestos salvavidas en la enrevesada jerga financiera de los rescatadores- en agosto. Si lo logra -que está por ver- dejará de sufrir la tutela directa de Bruselas y Berlín.

Grecia confía en salir del tercer rescate en agosto y dejar atrás la tutela de la troika Durante esa larga y espinosa travesía del desierto, los helenos se han dejado por el camino una cuarta parte de su riqueza. Y ahora los números les empiezan a sonreír: la economía griega salió de la recesión a principios del año pasado y las previsiones apuntan a que este ejercicio crecerá en torno a un 2,5 %. La tasa de paro, que sigue siendo infernal, ha bajado hasta el 20,5 % desde el máximo del 27,5 % del 2013. Y han salido del procedimiento de déficit excesivo de la UE. Ese que obliga a los países afectados a acometer recortes cuando el déficit público supera la barrera del 3 % del PIB, y en el que todavía anda España. Es más, las cuentas griegas de este año prevén un superávit primario -descontando el pago de los intereses de la deuda- del 3,82 %, por encima incluso de lo que pide Bruselas. Y hasta han podido salir de nuevo a los mercados. Poca cosa. Pero menos da una piedra.

Con todo, y pese esa media sonrisa que esbozan las cifras, queda mucha tela que cortar en suelo heleno. Y siguen diciendo los que saben de esto que se precisa una reestructuración de deuda, que no acaba de llegar.

Muy diferentes resultan las cosas en Irlanda. Allí la economía marcha a buen ritmo. Incluso se diría que a toda máquina si uno mira solo algunos números. Como aquel 26 % que creció el PIB del país en el 2015, tan solo tres años después de haber salido del rescate al que la abocó una burbuja inmobiliaria rota en mil pedazos y el empeño del Gobierno irlandés de salvar los bancos a pulmón. Un cifra espectacular. Un ritmo ni remotamente rozado por economías en vías de desarrollo como China o la India. Pero irreal. Tanto que hasta el Gobierno tuvo que salir a la palestra y admitir que el dato estaba distorsionado por las transferencias de activos de multinacionales estadounidenses. Tanto que con lo que de verdad estaba pasando hubo que corregirlo. E incluso inventarse otra forma de medir la riqueza nacional.

Y es que lo que está claro es que el milagro irlandés del que muchos hablan tiene bastante que ver con las ventajas fiscales que el país ofrece a las multinacionales. Un dato: en las dos últimas décadas Irlanda ha recibido más inversión directa estadounidense que la suma de las cuatro principales potencias emergentes (China, la India, Brasil y Rusia). Por qué si no la airada respuesta del Gobierno irlandés a la sanción que le impuso Bruselas a Apple. Tan claro como que prefiere renunciar a 13.000 millones a que Bruselas ponga en la picota su infalible método de seducción a las multinacionales: la benevolencia de su fisco. Solo un dato: el impuesto de sociedades está en el 12,5 %, el más bajo de la zona euro y uno de los más bajos del mundo.

El Banco de Irlanda estima que el PIB del tigre celta crecerá este año un 4,4 % Sea como fuere, el Banco Central de Irlanda pronostica que el PIB irlandés crecerá este año un 4,4 %, mientras que el empleo aumentará el 2,2 % y otro 1,8 % en el 2019, hasta incorporar 89.000 nuevos trabajadores a la fuerza laboral, lo que supone la vuelta a los máximos de antes de la crisis. Y, además, solo uno de cada 16 trabajarán en la construcción. Hasta el estallido de la burbuja inmobiliaria eran uno de cada nueve. Sin olvidar que estarán a un paso del pleno empleo, con una tasa de paro ligeramente superior al 5 % a lo largo del año que acaba de empezar.

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