Los robots toman los mercados

Calculan mil veces más rápido que la mente humana y por eso que se han adueñado de las bolsas. El «trading» algorítmico, ejecutado por los superordenadores de los grandes bancos de inversión, está hoy detrás del 70 % de las órdenes de compraventa de acciones, una revolución sin retorno que ha generado un debate entre sus detractores y aquellos que defienden sus posibilidades

Los robots toman los mercados Calculan mil veces más rápido que la mente humana y por eso se han adueñado de las bolsas. ¿Cómo funcionan los algoritmos? ¿Son los culpables de caídas como la de la última semana en Wall Street?

Hace unos días, el Dow Jones (uno de los principales índices bursátiles en EE. UU.) registró la mayor caída en puntos de su historia. No fue el día en que más cayó en términos porcentuales, pero sí en términos netos. Tras un período de alzas continuadas desde que Donald Trump salió proclamado como presidente, el índice finalmente ha corregido. Y, como es habitual, lo que pasa en la bolsa de Estados Unidos acaba afectando a los mercados de todo el mundo. Los principales índices en Japón, Hong Kong y Australia cayeron bruscamente al día siguiente.

Muchos analistas lo ven como una corrección normal tras un período de crecimiento extraordinario. Otros en cambio, sí ven amenazas en la economía norteamericana que han provocado este movimiento. La creciente inflación y una posible subida de tipos habría hecho que los inversores volviesen a apostar por el mercado de bonos.

Pero hay algo más en esta corrección que ha llamado la atención de la comunidad financiera. Y se trata de la manera en la que se han producido las órdenes de venta que fueron recibidas durante un breve período de tiempo, especialmente en la última parte de la sesión. En aproximadamente 15 minutos, una hora antes del cierre, se produjo una avalancha de ventas ordenada, lo que llevó al Dow desde una pérdida de 700 puntos a un descenso de 1.600 puntos. Pocos minutos después, las pérdidas se recortaron a la mitad, siendo aún así una gran caída para el índice. Está operativa es típica de los sistemas automáticos de trading o robots que se configuran para operar en bolsa sin intervención humana.

Más del 70% de la operativa

Cuando una persona piensa en las bolsas, probablemente la primera imagen que se le viene a la cabeza es la del parqué lleno de gente gritando y cerrando operaciones. Y durante mucho tiempo fue así, pero ahora, los operadores que mueven la bolsa ya no hacen ruido. Se trata de ordenadores con una gran cantidad de servidores que hacen que las órdenes de compra-venta se muevan más rápido por la red.

En estos ordenadores se configuran algoritmos informáticos que son capaces de enviar órdenes de manera automática en cuestión de milisegundos. Se estima que el 70 % de la operativa en bolsa es llevada a cabo por este tipo de sistemas y que pueden mover el mercado hacia arriba o hacia abajo en cuestión de minutos.

De hecho, lo del pasado lunes no ha sido la primera vez que ocurre. En el 2010, en un evento conocido como el flash crash, la bolsa cayó un 9 % en cuestión de minutos debido a que un robot de un fondo de inversión envió automáticamente órdenes de venta sobre 75.000 futuros por valor de 4.100 millones de dólares, lo que desató el pánico en los mercados financieros.

Está operativa automatizada está suponiendo una auténtica revolución en el mundo del trading. Tanto, que está cambiando el perfil de las ofertas de empleo cualificado de los principales operadores bursátiles. En Wall Street ahora mismo están trabajando más de 2.000 físicos, ingenieros, matemáticos... desarrollando este tipo de sistemas.

¿Cómo funcionan?

Los robots funcionan exactamente igual que los operadores bursátiles tradicionales. Buscan oportunidades en los mercados para comprar barato y vender caro. La diferencia es que lo pueden hacer mucho más rápido. Existe un artículo de la revista Nature Scientific Reports que dice que los humanos más rápidos somos capaces de reaccionar en 650 milisegundos. Estos algoritmos son capaces de reaccionar mil veces más rápido.

Y para que se hagan una idea de lo que es un microsegundo, piensen que se necesitan 500.000 microsegundos solo para hacer un clic con un ratón. Pero si un algoritmo de Wall Street tiene cinco microsegundos de tardanza, puede convertirse en una estrategia perdedora.

Es tan importante la velocidad de ejecución que en Nueva York han llegado a vaciar por completo un hotel (el Carrier) para acoger servidores de los grandes operadores bursátiles, solo porque la conexión a Internet es más rápida que en otros puntos de la ciudad. La importancia llega hasta tal punto que existe un canal subterráneo de 1.300 kilómetros entre Nueva York y Chicago, construido en los últimos años por una compañía llamada Spread Networks, para que pase un cable de fibra óptica colocado entre las dos ciudades con el objetivo de la señal sea 37 veces más rápida.

Operan en el mercado sin que los veamos y poco a poco parece que están tomando el control. De hecho, existen empresas que se dedican a detectarlos a través de datos de mercado y les asignan nombres. De esta manera, hay robots que se han hecho famosos con nombres como The knife (el cuchillo), Boston Shuffle (mezcla de Boston) o Tidal Wave (oleaje gigantesco).

¿Es posible ganar a un algoritmo?

Viendo cómo funcionan y los recursos que la banca de inversión está destinando a impulsar estas tecnologías, una de las preguntas más recurrentes es si un trader individual puede ganar a un batallón de algoritmos diseñado para operar más rápido que un humano.

Pues la respuesta es que depende del objetivo que busquemos con nuestra inversión en bolsa. Para la gente que invierte a largo plazo, este tipo de operativa no debería tener mucha repercusión, pero para los que operan en intradía (comprar y vender en el mismo día) sí se ha vuelto mucho más complicado. De hecho, hay operadores humanos que han decidido alargar el horizonte temporal de sus operaciones para incrementar su nivel de competitividad frente a los sistemas automáticos.

Como cualquier revolución tecnológica, tiene sus detractores y sus defensores. Sus detractores alegan que los algoritmos aumentan la volatilidad de los mercados y que colocan al inversor tradicional en una situación de inferioridad. Los defensores, en cambio, afirman que está tecnología ha contribuido a que en los mercados haya mayor liquidez, ha abaratado los costes y hace que sean más eficientes en la formación de sus precios.

Por lo tanto, los mercados cada vez se alejan más de la imagen de los ruidosos parqués llenos de brokers con chaqueta azul y todo parece indicar que los sistemas algorítmicos representan el futuro del trading. Uno de los que mejor lo definió fue Mark Cuban, dueño de los Dallas Mavericks y experimentado inversor: «Wall Street es ahora un juego matemático de ajedrez a gran escala donde las compañías cotizadas son solo peones».

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