Primero exiliados (laborales) y ahora incomunicados

La madre de una asturiana emigrada, que acaba de llegar de Londres, asegura que era la única conversación que había en el vuelo

Los nietos de Rosa Marcos durante sus vacaciones en Gijón
Los nietos de Rosa Marcos durante sus vacaciones en Gijón

«Primero nuestros hijos tuvieron que emigrar porque aquí no tenían trabajo. Ahora nos quitas los vuelos y ya no podemos ver a nuestros nietos». En estos términos muestra su cabreo Rosa Marcos Figueras, la madre de Debra Fonalleras, recién aterrizada en el Aeropuerto de Asturias, un viernes por la tarde. Asegura que no había otra conversación en el vuelo que la decisión de Easyjet de abandonar la ruta con Londres. Acababa de conocer a los padres de un ingeniero informático que vive en Cambridge y al dueño de una academia de inglés que programa intercambios estudiantiles. Los tres se mostraban desolados con la decisión de la aerolínea low cost. A ninguno le sirve ni Iberia Express ni Vueling. Esta abuela que viaja al Reino Unido cada cuatro o cinco semanas afirma que la primera tiene precios muy elevados y que serán peores cuando se quede en solitario con la conexión. «Ya lo hizo con Madrid», recuerda. De la segunda solo habla de la cascada de cancelaciones que ha registrado los últimos veranos.

«Stansted nos viene de maravilla. Es un aeropuerto con unas comunicaciones de lujo», afirma Rosa Marcos, que a sus 70 años, también valora las comodidades. Asegura que la ocupación en la década que lleva viajando siempre roza el 100%, así que no se cree que la razón de la cancelación de la ruta -que Easyjet ha anunciado que dejará de operar en la próxima temporada de invierno- sea por su baja ocupación. «Casi me conozco a la tripulación y nunca he visto un vuelo vacío», insiste. De hecho, ya tiene comprado otro billete para junio y su hija y sus nietos volarán a Asturias en mayo.

«Nuestros políticos están poco viajados». Esa es la única razón que, a juicio de esta abuela, explica el «escaso interés del Principado por estos vuelos». Ella no quiere hablar de subvenciones a compañías o de ayudas económicas -«yo de eso no sé nada», apostilla- pero cree que el Gobierno tiene la obligación de conseguir una oferta de vuelos competitiva y con precios asequibles. «Manejan nuestra vida con muchos alegría», lamenta.

   

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