La luz no baja ni con agua ni con viento

Dice adiós el mayo más caro desde el 2010, que ha hecho subir la factura un 9 %, a pesar de la eólica y la hidráulica


redacción / la voz

Ha llovido a mares desde diciembre, sopla el viento y..., sin embargo, los consumidores dicen adiós al mes de mayo con el precio de la electricidad más caro al menos desde el 2010 en el mercado mayorista: a 55 euros el megavatio hora. Esa variable impacta aproximadamente sobre un tercio de la factura de la luz (el resto son costes fijos del sistema e impuestos). De esta forma, una familia media pagará 65 euros en el recibo. Es casi un 9 % más abultado que el de abril y un 6 % más que el de mayo del 2017.

Sin embargo, el reparto de las tecnologías de generación que alimentaron el mercado eléctrico este mes, hecho público ayer por Red Eléctrica de España (REE), no llama especialmente la atención. La contribución de las principales fuentes de energía estuvo más o menos equilibrada: la nuclear fue la primera (con casi el 20 %), seguida por la hidráulica (19 %), la eólica (17,2), el carbón (11,9) y los ciclos combinados (10,3 %). Como se ve, no han faltado agua ni viento, a los que se suele atribuir el abaratamiento del mercado mayorista. Y así suele ser, pero en mayo no. ¿Por qué?

Por varias razones. La fundamental, que «no basta con que llueva, tiene que diluviar para que el agua embalsada desplome el precio de la luz», explica Jorge Morales de Labra, experto en regulación eléctrica y azote de la política energética del Gobierno. Y lo aclara. Las reglas de juego del mercado establecen que eólicas, solares y nucleares oferten su energía a precios bajos porque tienen que vender todo lo que producen sí o sí. Las de carbón y gas piden más dinero por su electricidad porque les cuesta más generarla (sus materias primas dependen de las cotizaciones internacionales). Son estas últimas, las más caras, las que determinan el precio medio que cobrarán todas las demás. Así funciona el mercado.

La hidráulica maneja un recurso barato y gestionable. Y, salvo que los embalses estén a rebosar y obliguen a soltar lastre generando todo lo posible, estas centrales ofertan «al coste de oportunidad», explica Morales. Es decir, «sus propietarios calculan cuál sería el precio al que ofertarían las centrales que las sustituirían en caso de que decidieran guardarse el agua para otro momento y escogen el más caro». Esto es lo que está pasando. Hay mucha hidráulica, pero a precio de gas, muy cara, subrayó el experto. 

Nucleares e hidráulicas paradas

Pero están pasando más cosas en el mercado eléctrico. Como que las centrales nucleares (Vandellós, Trillo y Ascó II) están paradas. También hay varias hidráulicas en revisión. Entre ellas, algunas del Sil, del Tormes (central de Villarino) y del Júcar (La Muela), todas estas de Iberdrola, según datos proporcionados por REE. Si hay menos ofertantes en el mercado, los que quedan tienen la oportunidad de pedir más por su electricidad. REE compra tanta como la previsión de demanda de consumo.

Fuentes de Iberdrola explicaron que el encarecimiento del mercado en mayo es por las subidas de las cotizaciones del CO2, del gas (hay menos reservas en los almacenamientos subterráneos europeos por las intensas olas de frío del pasado invierno), del carbón (por el aumento de la demanda en la India y China y por la subida del brent).

Valora este artículo

0 votos
Comentarios

La luz no baja ni con agua ni con viento