El presidente mundial de Alcoa avisa de que el precio de la luz oscurece el futuro de las fábricas

Roy Harvey visita las plantas gallegas y asturiana y admite incertidumbre por las tarifas eléctricas


redacción / la voz

Ya casi es una tradición que el presidente de Alcoa en España se acerque a las fábricas de A Coruña, San Cibrao y Avilés cada año tras la celebración de las subastas que determinan el precio de la electricidad que paga la compañía. Hasta el verano del 2015 era la gallega Rosa García la que explicaba a los comités de empresa el resultado de la puja; ahora le toca al asturiano Rubén Bartolomé dar la cara ante los representantes de los trabajadores.

Pero esta vez, Bartolomé apareció en las plantas de Galicia y de Asturias eclipsado por el mandamás supremo del grupo, Roy Harvey, presidente ejecutivo de la multinacional. Recién llegado de la sede de la compañía, en la ciudad norteamericana de Pittsburgh, Harvey recorrió a finales de la semana pasada los tres centros. Conoce bien los de Avilés y San Cibrao, pues trabajó allí durante una temporada, según José Manuel de la Uz, sindicalista en la fábrica asturiana.

Durante su encuentro con los comités de empresa, el máximo responsable de Alcoa pronunció en varias ocasiones la palabra incertidumbre, resumió De la Uz. La que se abre, dijo Harvey, sobre los centros como consecuencia de los elevados costes de la electricidad para la industria en España y que no logran enfriar del todo las subastas anuales de incentivos para que las empresas rebajen sus facturas de la luz y puedan obtener así un precio competitivo. El recibo de Alcoa es abultado, pues ese gasto representa el 40 % de sus gastos de explotación. Las cubas necesitan mucha energía eléctrica para llevar a cabo el proceso de fabricación de aluminio en San Cibrao y de alúmina en A Coruña y Avilés.

La última subasta, celebrada en mayo pasado para repartir incentivos eléctricos hasta final de año, se saldó para Alcoa con un valor económico significativamente inferior a la anterior, según fuentes de la compañía, que no precisaron -nunca lo hacen- la cantidad de incentivos con los que funcionarán sus fábricas. La patronal del sector electrointensivo, en el que se enmarca Alcoa, denunció que el recorte global había alcanzado el 40 %, y alertó de la pérdida de competitividad de las fábricas.

Harvey también habló de incertidumbre al referirse al nuevo Gobierno central y a sus planes para resolver el problema del precio eléctrico para la industria. Tanto las compañías afectadas como sus trabajadores defienden subastas a más largo plazo y no con periodicidad anual.

Los comités de A Coruña y Avilés pidieron a Harvey que las plantas puedan producir al 100 % de su capacidad, pero el presidente ejecutivo de Alcoa les replicó que será una opción que valorará cuando el precio de la energía sea el adecuado, explicó De la Uz. Ambas fábricas están funcionando a un 65-70 % desde el 2015, tras el primer recorte de incentivos por los resultados de la subasta eléctrica. Según explicó el presidente del comité de A Coruña, Juan Carlos Corbacho, la fábrica está diseñada para medio millar de trabajadores, pero están en plantilla 380.

El deseado servicio de interrumpibilidad

Las industrias electrointensivas como Alcoa se reparten cada año en torno a 500 millones para abaratar sus facturas eléctricas y competir así con sus rivales europeos. Desde el 2015, el dinero se adjudica en subastas competitivas. A cambio de los incentivos, las empresas prestan el servicio de interrumpibilidad, que consiste en sufrir apagones bien por la seguridad de suministro del resto de consumidores, bien por criterios económicos. Así se reduce demanda cuando el precio de la electricidad en el mercado secundario alcanza un tope. Las industrias se quejan del recorte de incentivos, pero admiten que sin interrumpibilidad cerrarían.

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