Las Harley se van a rugir a otro lado por la guerra comercial

El fabricante trasladará parte de su producción fuera de EE.UU. para evitar los aranceles europeos

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redacción / la voz

El tiro le ha salido por la culata a Donald Trump. El presidente norteamericano desató la guerra comercial con la Unión Europea y la batalla tiene ya su primera víctima, pero al otro lado del Atlántico. El emblemático fabricante de motos Harley-Davidson, seña de identidad cultural en Estados Unidos, ha anunciado que trasladará parte de su producción para evitar los aranceles impuestos por Bruselas a los productos de EE.UU. Si se quedara en su país, tendría que subir el precio de sus motos para los clientes europeos y no quiere hacerlo porque eso provocaría daños «inmediatos y de larga duración» para el negocio en la región, según señaló la empresa. El incremento de los impuestos para las importaciones de motos del 6 al 31 % hace que la mítica Harley Davidson se encarezca en Europa una media de 2.200 dólares (1.700 euros).

Hasta el traslado de la producción, dentro de 9 a 18 meses, el fabricante estadounidense será el que asuma esos costes, lo que supone hasta finales de año una factura adicional de entre 30 y 45 millones de dólares (entre 25,6 y 38,5 millones de euros).

Europa, donde el año pasado se vendieron casi 40.000 Harleys, es el segundo mercado más importante para la empresa después de Estados Unidos. El grupo tiene fábricas fuera de Estados Unidos en Brasil, India y Tailandia. Estas factorías serán ampliadas para asumir parte de la producción estadounidense.

La compañía no precisó qué efectos puede tener el traslado sobre el número de empleados y los puestos en Estados Unidos. Sus fábricas están concentradas en los estados de Wisconsin y Pennsylvania.

El conflicto comercial sorprende a la mítica marca norteamericana en un mal momento: el negocio internacional es cada vez más importante para la empresa mientras que los jóvenes estadounidenses demuestran cada vez menos interés en las motocicletas. En el primer trimestre, la facturación en el exterior creció un 12 %, mientras que los ingresos en el negocio nacional se estancaron. 

Cascada de represalias

Trump abrió una guerra comercial con la Unión Europea al imponer aranceles al aluminio y al acero. Bruselas replicó a esa política proteccionista pagando con la misma moneda. Desde el pasado viernes grava el whisky, los pantalones vaqueros, el arroz, el maíz y las motos en represalia.

Lejos de amilanarse, el presidente estadounidense amenaza ahora con imponer gravámenes del 20 % «a todos los vehículos» importados desde la UE si desde Bruselas no se cancela la última ronda de aranceles. Una locura.

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