La pesca mira de reojo el intento del mundo de regular los océanos

El sector extractivo recela de que el marco que se negocia trate de «puentear» las organizaciones regionales de pesca

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redacción / la voz

El mundo se ha confabulado para salvar los océanos. El martes arrancaron en la sede de la ONU los debates para negociar un tratado que regule las aguas internacionales, aquellas que están más allá de las 200 millas de los Estados ribereños. La excusa son los recursos genéticos, valiosos tesoros de ADN vegetal y animal, apetitosos para un sinfín de empresas que buscan mejores cosméticos, medicamentos sanadores y mayores rendimientos en cultivos, ahora sin un marco que reglamente su explotación. Y lo mismo ocurre con el petróleo, el gas y otros recursos.

La intención de la Conferencia Intergubernamental (CIG) durante las dos semanas que durarán los debates es comenzar a poner los pilares de un tratado jurídicamente vinculante para proteger la biodiversidad marina en áreas de alta mar. Será la primera de una serie de cuatro sesiones que deberían desembocar en un 2020 con unas reglas de juego claras, un texto en el que quede definido cómo proteger y conservar estas zonas mediante el establecimiento de Áreas Marinas Protegidas (AMP), la generalización de las evaluaciones de impacto ambiental (EIA) para las actividades que puedan causar daños en el mar y la mejora de la investigación ambiental.

El meollo estará en cómo se comparten los valiosos recursos genéticos marinos. Porque no hay que perder de vista que el mercado global relacionado con la biotecnología marina alcanzaría los 6.400 millones de dólares para el 2025.

Campaña

¿Y la pesca? ¿Cómo afectará ese marco jurídico en ciernes a esta actividad extractiva? Ni el sector se atreve a predecirlo. Está expectante, atendiendo de reojo a los movimientos. Y recelosa. Porque «todos esos informes, estudios y noticias que han estado saliendo sobre que se va a agotar el pescado, de lo mala que es la pesca de arrastre, de los corales y fondos vulnerables no son por casualidad», sostiene Javier Garat, secretario general de Cepesca, la patronal pesquera española. Según su tesis, forman parte de una campaña lanzada por los ecologistas paralela a la reunión de la Conferencia Intergubernamental para que ese marco jurídico internacional también afecte a la pesca y encorsete más la actividad.

Y a diferencia de la explotación del tesoro genético que guardan las aguas «de todos» o de los hidrocarburos que almacenan, la pesca ya tiene reglas: la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CDM), el acuerdo de Nueva York, como se conoce al que regula las poblaciones de peces altamente migratorios, y las mismas organizaciones regionales de pesca (ORP), los foros multilaterales en los que los países pactan reglas de gestión para las especies pesqueras bajo su jurisdicción.

Precisamente la pesca española teme que con ese tratado internacional que se está buscando ahora en Nueva York se pretenda puentear a las ORP creando un organismo al que queden supeditadas. Eso es algo a lo que Cepesca «se opone totalmente», explica Garat, que defiende una fórmula jurídica de gestión que funciona.

Especial énfasis en que la protección de los mares no está reñida con el arrastre de fondo

Que la pesca esté siguiendo no sin suspicacias lo que ocurre estos días en la sede de la ONU no es por capricho. Está más que escaldada de sobresaltos inesperados. Hace año y medio, sin ir más lejos, apenas tres meses después de haber convencido en Nueva York a los países de que es posible proteger los hábitats vulnerables sin tener que prohibir por completo el arrastre de fondo, se encontraron con un acuerdo adoptado en una cumbre de ministros de Medio Ambiente en el marco del congreso de la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) que proponía vedar a la pesca el 30 % de los mares. Y más estupefactos se quedaron cuando supieron que la representación de España de había abstenido. Ni siquiera votó en contra.

Si entonces, cuando Agricultura, Pesca y Medio Ambiente estaban en una misma cartera, ocurrió eso, ahora, que los asuntos medioambientales se los ha llevado Ribera para su Transición Ecológica, deben prestar todavía más atención a lo que puede salir de una Conferencia Intergubernamental que se extenderá hasta el próximo día 17 en la sede neoyorquina de Naciones Unidas.

La traca final para alcanzar ese acuerdo jurídicamente vinculante viene precedida de casi un decenio de preparativos. Prevé acabar en el 2020 con un texto que garantice la protección medioambiental de las aguas internacionales; esto es, más de dos tercios del total de los océanos y que son compartidas por todos los países. Y entre los problemas que se citan aparece, además de la contaminación, la sobrepesca y la pesca ilegal.

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