Bruselas asume que las renovables no absorberán el daño de la descarbonización

El estudio de referencia de la Comisión Europea anticipa las posibles alternativas al fin del carbón con un importante papel de las energías limpias, también en Asturias

Parque eólico en el pico Aguión
Parque eólico en el pico Aguión

La transición a las emergías renovables no podrá absorber todo el daño causado por la descarbonización en la economía y el empleo. Al menos, en los plazos establecidos para el desmantelamiento del sector del carbón en la Unión Europea. Así lo asume el mismo informe encargado por la Comisión Europea en el que se evalúa el impacto y las alternativas del cierre de minas y centrales térmicas en la UE que originará -según ese mismo documento- una pérdida de más de 2.700 empleos en Asturias, entre directos e indirectos, en el periodo que va hasta 2030. El dossier de 189 páginas firmado por el Joint Researc Centre (JRC) for Policy Report, organismo científico asesor de la UE, defiende que las estrategias para reconvertir la actividad ligada al carbón en energías sostenibles lo tienen que ser también para realizar un trasvase económico y de empleo a ese mismo sector; pero deja ver que, del mismo modo que las renovables no pueden equiparar por el momento su capacidad de generación de energía a la que proviene de la quema del carbón o los combustibles fósiles, tampoco le es posible procurar los mismos beneficios ni reponer los trabajos perdidos en los territorios afectados.

El documento del JRC se cura en salud cuando advierte «la reestructuración exitosa de una región minera no significa necesariamente pleno empleo entre los trabajadores del carbón», y asume además que una parte importante de ellos tendrán que reconvertirse profesionalmente o moverse desde sus actuales zonas de residencia y trabajo para mantener su empleo. Una parte de ellos quizá puedan desarrollar su mismo cometido en centrales o explotaciones de otros minerales -se habla directamente de la posible absorción de mineros del carbón en minas de oro en Asturias- o trasladarse a otras que permanezcan abiertas en otras regiones; pero el informe de referencia para la Comisión Europea anticipa que la mayor parte tendrán que ser «socialmente compensados» con prejubilaciones en determinados tramos de edad o bien dar el salto a otros cometidos, en particular al sector de las renovables: ingenieros que se aplican a otras funciones, desarrolladores de proyectos, instaladores de paneles solares, ingenieros geotérmicos… En la mayor parte de esos casos, el empleo se generaría durante la fase de proyecto y construcción de molinos eólicos, parques de energía solar o infraestructuras hidráulicas. ¿Y después?

El estudio ejemplifica los procesos de reconversión emprendidos ya a mediados del siglo pasado en las cuencas del Sarre o el Ruhr en Alemania como el modelo a seguir, con el paso de las industrias del carbón a otras como la automovilística o la turística en un contexto de fuertes inversiones en I+D, creación de universidades, parques tecnológicos y centros de investigación en estrecho diálogo con los sindicatos, con buen uso de Fondos Estructurales europeos, prejubilaciones bien administradas, colaboración con otras regiones… Y, sin embargo, tiene que admitir a renglón seguido que el desempleo sigue siendo «más alto» en el Ruhr o en el Sarre que en las regiones que rodean estas cuencas alemanas.

De la necesidad, virtud

Aun así, el JRC insiste como punto de partida en hacer de la necesidad virtud y en que «nuevas oportunidades de trabajo se pueden derivar en los lugares afectados o en la región en conjunto» donde se produzca el impacto descarbonizador. Aparte de la conversión de minas a cielo abierto e infraestructuras en desuso en museos, lagos artificiales, áreas de ocio o terrenos reforestados o recuperados para la agricultura, dos son las alternativas a las que el informe dedica más atención. Una, las tecnologías de almacenamiento y utlización del CO2 generado por las industrias locales (centrales, donde sobrevivan, incluidas, y siderurgia o cementeras, principalmente); la otra, la producción alternativa de energías mediante renovables o mediante la energía hidráulica por bombeo reutilizando minas a cielo abierto o subterráneas. En todos los casos, se hace alguna referencia a Asturias.

El documento estima que las mismas estrategias de eliminación o reutilización del CO2 que causa el efecto invernadero -y toda esta cadena de consecuencias- pueden crear en Europa unos 330.000 empleos en torno al secuestro y aprovechamiento del dióxido de carbono generado por hasta un 13 por ciento de la capacidad de producción de energía de la UE. Citando fuentes de EU Geocapacity, el estudio estima para Asturias una capacidad de absorción en sus minas de carbón de 171 millones de toneladas de CO2 en función del grosor y la profundidad de sus depósitos de carbón.

Pero eso no deja de ser el resultado de una fórmula abstracta. Según el Plan Estratégico de Tecnología Energética elaborado por 11 países, entre ellos España, el almacenamiento de CO2 plantea aún serios problemas de seguridad o de costes de implantación y un mantenimiento que por ley hay que revisar cada cinco años y que teóricamente deberían correr a cargo de las compañías propietarias según el 'quien contamina, paga'. «Una condición necesaria para la implantación de la CCS es, no obstante, la viabilidad comercial, así como la aceptación pública y política de la tecnología», advierte, sin embargo, el JRC. El almacenamiento de metano es otra opción en esta misma línea, pero genera aún más inconvenientes, incluidos sus peligros.

 Energías renovables

Respecto a las renovables, el estudio recoge los resultados de diversas fuentes sobre la tasa de disponibilidad de sol y viento en las regiones afectadas, en las que Asturias aparece con un porcentaje alto en el caso de la energía solar -entre el 12 y el 14%- y en el tramo medio en el caso de la eólica. Otra posibilidad es la utilizar el agua acumulada en las minas cerradas e inundadas como fuente de energía geotérmica obtenida a partir del agua caliente, un recurso que permitiría sobre todo abastecer de calor o frío con muy bajo impacto de CO2 -una reducción de hasta el 65%, en centrales como la antigua mina de Harleen, en Holanda- en los territorios donde se ubican las antiguas explotaciones. Las minas subterráneas asturianas figuran en el tramo alto teniendo en cuenta la temperatura media del agua que almacenarían, con el agua a 30-40º a 1.000 metros de profundidad. Hunosa ya ha empezado a utilizar para estos fines las aguas del pozo Barredo y está embarcada en la profundización de este tipo de aprovechamientos.

La buena tasa de disponibilidad de sol se encuentra en Asturias con el inconveniente de la difícil orografía de las cuencas mineras, y el mismo inconveniente se plantea para la construcción masiva de turbinas eólicas, según lo recoge el informe para territorios con el perfil geológico del asturiano. No se menciona explícitamente el caso del Principado en ninguno de estos apartados, pero sí en el de la generación de energía hidráulica mediante bombeo: un procedimiento que consiste en almacenar en depósitos en altura el agua en tiempos de baja demanda para liberarla -como en un salto de agua convencional- en tiempos de demanda alta. El JRC menciona como una zona de interés a estos efectos la «red de túneles de la cuenca central Asturiana» y  estima unos 200.000 metros cúbicos disponibles para almacenamiento entre 300 y 600 metros de profundidad, posibilidad que -añade- se está investigando en nueve proyectos en fase de estudio.

 

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