Asturias marca territorio en el corazón sidrero estadounidense

Erik Garabaya cogió las maletas rumbo al Estado de Nueva York para ampliar sus estudios lingüísticos

El avilesino Erik Garabaya con una sidrería de Brooklyn al fondo
El avilesino Erik Garabaya con una sidrería de Brooklyn al fondo

Redacción

Un estudiante de una carrera de lenguas no puede perder la ocasión de reforzar su manejo de los idiomas en otro país. Esto pensó el avilesino Erik Garabaya cuando cogió las maletas rumbo al estado de Nueva York para realizar una estancia de un año en el campus universitario de New Paltz, situado a hora y media de Manhattan en autobús. El país norteamericano no deja indiferente a nadie a su llegada, como señala el estudiante. «Estados Unidos impacta siempre al visitante primerizo, no conozco a nadie que no le haya pasado. Y Nueva York, aún más», explica. Este estado cuenta con una gran tradición sidrera, aunque dista mucho de la forma asturiana de entender esta bebida y los ritos que le rodean. «El New York State tiene tradición manzanera y sidrera, pero cuando les enseñamos vídeos de cómo escanciamos en Asturias, ellos alucinan», afirma. El avilesino coincidió con otros cuatro asturianos de la Universidad de Oviedo el primer semestre de estancia en el Estado neoyorkino.

Aunque el asturiano disfruta de una realidad multicultural e internacional muy provechosa para un estudiante universitario, llegó casi de casualidad a Estados Unidos. Sus primeras elecciones para realizar una estancia en el extranjero se enmarcaron dentro del programa Erasmus, y sus destinos escogidos fueron Colonia, Lisboa y Bochum, donde había estado el verano anterior. «Me concedieron mi primera opción, Colonia, pero esperé a que salieran las listas de la Universidad para movilidades de fuera de Europa. Ahí había pedido Nueva York, aunque la verdad es que no tenía muchas esperanzas», confiesa. Sin embargo, una llamada del Vicerrectorado de la Universidad de Oviedo hizo posible que este avilesino pudiese llevar a cabo este ansiado viaje. Además, se le permitía elegir entre una estancia de seis meses o un año

Estados Unidos se trata de un país con una marcada cultura occidental, aunque la multiculturalidad y el ambiente cosmopolita de Nueva York da un toque diferente a la Gran Manzana. Por otra parte, el empleo de otras unidades de medida distintas a las europeas le granjea un reto diario a Garabaya, que no termina de amoldarse del todo. «A lo que no consigo acostumbrarme es a los sistemas de medición que usan allí: Fahrenheit, libras, galones, millas, pies… ¡Es una locura hacer la compra!» señala. Otras diferencias notables en la forma de ser de la sociedad estadounidense se reflejan en la forma de expresar la personalidad de las personas y de la presencia de algunas marcas en el consumo. «El diablo está en los pequeños detalles; y hay infinidad de ellos: la gente expresa mucho más abiertamente su personalidad (ropa, calzado, color de pelo…); marcas como Apple o Starbucks, que en España son casi una excentricidad elitista, aquí son el pan de cada día...», comenta.

Asturias marca territorio en la Gran Manzana

Entre millones de personas que pueblan Nueva York, cuatro aguerridos asturianos provenientes de la Universidad de Oviedo se dejaron notar. Su sello todavía prevalece desde el pasado semestre que estos jóvenes hicieron piña en la Gran Manzana. «El semestre pasado éramos cuatro de la Universidad de Oviedo. A las personas de aquí le extrañaba cómo era posible que se juntara tanta gente del mismo sitio del que nunca habían oído hablar», apunta el avilesino, que recuerda esa pandilla asturiana formada a las orillas del Hudson.

En la ciudad más universal del mundo, toda cultura trata de hacerse notar en la pugna social por tener su sitio en un panorama tan fragmentado. La gran variedad de culturas que confluyen en la ciudad neoyorkina enriquecen el día a día de un lugar que nunca descansa, y en el que Asturias tiene mucho que decir en pleno corazón sidrero estadounidense. «El New York State tiene también tradición manzanera y sidrera, pero cuando les enseñamos vídeos de cómo escanciamos en Asturias, ellos alucinan», afirma Erik Garabaya.

Vivir Asturias desde el otro lado del charco

Un océano de distancia parece un mundo, pero las tecnologías y las redes sociales permiten que, incluso en los lugares más recónditos del planeta, cualquiera puede mantener el contacto con sus amigos y seres queridos siempre y cuando disponga de conexión a Internet. Por ello, pese a los miles de kilómetros y horas y horas de vuelo de separación entre Nueva York y Asturias, este avilesino siempre vive conectado con lo que ocurre en su tierra natal. Sin embargo, el desfase horario provoca que, en ocasiones, los sucesos se vuelvan confusos. El trágico accidente de Alsa que sufrió Avilés el año pasado le tocó la fibra al estudiante, que telefoneó cuando pudo a sus seres queridos y conocidos para saber si estaban bien. «El accidente de Alsa me pilló ya aquí y con la diferencia horaria las cosas se pusieron más confusas todavía. Contacté con todos mis conocidos de la ciudad a ver si podrían darme más detalles y por suerte todos estaban bien», explica.

La familia, los amigos y la comida son lo que más echa de menos este avilesino. Mientras que las relaciones sociales puede mantenerlas a través de Internet y mediante llamadas telefónicas, la calidad gastronómica de Asturias es algo que no se encuentra con facilidad en Estados Unidos. La gran variedad de productos procedentes de todo el mundo es algo que permite una cesta de la compra diversa, aunque el producto fresco es algo que el asturiano echa en falta a la hora de ir al supermercado. «Aquí hay variedades de todas las partes del mundo, pero en el supermercado es casi imposible encontrar materia prima de calidad, es todo muy industrial. Añoro el buen aceite de oliva y el compango», señala. 

Debido a la complejidad del viaje del país norteamericano a su tierra natal, sus regresos a Asturias se limitan a contadas fechas. Su vuelta en Navidades le hizo ver el Principado con otra óptica: la del asturiano que emigra por razones de formación. Considera que, al igual que el resto del mundo, Asturias cambia rápido, y uno no sabe qué se va a encontrar en su regreso. Sin embargo, lo que más nostalgia le despierta es «al volver de un viaje largo, contemplar todas aquellas cosas de nuestra tierra que no cambiarán nunca». Con un ojo puesto en todo lo que ocurre en su tierra natal, este avilesino disfruta de su estancia en el corazón sidrero estadounidense.

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