Rajoy insinúa que habrá elecciones si no le conceden «algo de estabilidad»

El presidente advierte de que episodios como el del decreto de la estiba no deben repetirse nunca

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Madrid / La Voz

«Para castigar al Gobierno no se puede jugar con cosas que afectan al crédito de tu país. Eso, lisa y llanamente, rompe las reglas de juego». Más allá de la afrenta parlamentaria que supuso para el Gobierno el rechazo al decreto de la estiba en el Congreso, para Mariano Rajoy ha supuesto un punto de inflexión. Por primera vez desde su investidura, el jefe del Ejecutivo puso este domingo encima de la mesa la posibilidad de que, si no se le concede «algo de estabilidad», se vea obligado a convocar nuevas elecciones. «Mi objetivo es llegar al final de la legislatura y haré todo lo que pueda, todo lo posible, y lo imposible si se puede hacer, que yo creo que también, para que sea así», señaló. Pero a renglón seguido, advirtió de que para ello es necesaria esa mínima estabilidad y también que «episodios como el de esta semana no se vuelvan a repetir nunca». 

Aviso a Ciudadanos y PSOE

El mensaje de Rajoy iba dirigido a Ciudadanos -«los que están, porque han querido, en la oposición», dijo-, pero también al PSOE, al que encuadró entre los partidos que en votaciones «que afectan y mucho al prestigio de nuestro país» deben ser «responsables» porque han gobernado en España y pueden volver a hacerlo en el futuro. «El parlamento de una de las naciones más importantes de Europa no puede votar en contra de la sentencia de un tribunal de la UE. De ninguna de las maneras», clamó el jefe del Gobierno en la clausura del congreso del PP andaluz.

La misma idea defendía ayer el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, en una entrevista en la que apuntaba que, aunque el PP quiere agotar la legislatura, «si los demás no asumen su responsabilidad, las Cortes no legislan y se sigue bloqueando la acción de Gobierno, la oposición puede conseguir la convocatoria de elecciones».

La decisión de Ciudadanos de echarse atrás en su apoyo al decreto de la estiba, dejando al Gobierno con el único sostén del PNV, ha generado un profundo malestar en el Gobierno, que no obstante se muestra dispuesto a reconducir la situación. Entienden en el Ejecutivo que se trata de un gesto de despecho de Albert Rivera por desplantes previos del PP, que calificó de «lentejas» su acuerdo de investidura, pero advierten de que no están dispuestos a permitir que Ciudadanos les vuelva a hacer pasar por un trance similar. En ningún momento se pone en duda el respaldo del partido naranja a los Presupuestos Generales del Estado, pero el Gobierno considera que el gesto de Ciudadanos para tratar de marcar distancias con el PP ha sido una grave equivocación que puede acabar teniendo un grave coste económico.

El líder del PP no trabaja, por ahora, con la hipótesis de un adelanto electoral. Algo que constitucionalmente no podría hacer hasta el 3 de mayo, una vez transcurrido un año desde la anterior disolución de las Cortes. Aunque cuando llegue esa fecha Rajoy sabrá ya si cuenta o no con unos Presupuestos para el 2017, aún le faltará conocer si el próximo líder del PSOE será Susana Díaz, Patxi López o Pedro Sánchez. En caso de que este último ganara las primarias, la posibilidad de una disolución apuntada este domingo por el presidente del Gobierno estaría mucho más cerca.

La dirección del PP sofoca el riesgo de división interna y todos sus candidatos arrasan en los congresos regionales

La dirección del PP ha conseguido sofocar los fuegos que amenazaban con la división en algunos territorios. La contestación interna a los candidatos auspiciados desde Génova se ha demostrado minoritaria en todas los comunidades. De esta manera, y a pesar de que cuatro de los siete presidentes autonómicos elegidos en los congresos regionales celebrados durante este fin de semana tuvieron que medirse primero frente a otros aspirantes en el voto directo de la militancia, todos ellos acabaron siendo proclamados con mayorías incontestables. El vasco Alfonso Alonso, la castellanomanchega Dolores de Cospedal, el andaluz Juan Manuel Moreno y el murciano Pedro Antonio Sánchez ni siquiera tuvieron que pasar por el trance de una votación previa al ser los únicos candidatos en sus respectivos territorios. La madrileña Cristina Cifuentes, al igual que la asturiana Mercedes Fernández y el canario Asier Antona, sí se midieron en las urnas, pero todos ellos superaron ampliamente a sus oponentes.

Génova logra así la imagen de renovación refrendada de manera aplastante por las bases, dado que todos los dirigentes regionales elegidos en estos congresos superaron el 93 % de los votos. Cifuentes, con esa cifra, fue la que menos respaldo obtuvo, mientras que el canario Asir Antona alcanzó el 98,6 %.

La dirección de los populares se esforzó, incluso con indicaciones directas a los candidatos, por evitar la división. La consigna fue integrar a los sectores minoritarios. Algo que se evidenció por ejemplo en Madrid, donde Cristina Cifuentes dio la sorpresa al integrar en su equipo de dirección a dos miembros del sector crítico representado por los seguidores de Esperanza Aguirre.

La idea de la «renovación por adición», tantas veces sostenida en el PP desde los tiempos de José María Aznar, se cumple así en la mayoría de los territorios. En algunos de ellos, como el País Vasco y Castilla-La Mancha, se mantienen figuras de larga trayectoria, como Alfonso Alonso o María Dolores de Cospedal, pero en otros se ha consumado la retirada de figuras históricas como Juan Vicente Herera en Castilla y León, Ramón Luis Valcárcel en Murcia o Pedro Sanz en La Rioja, con la vista puesta en las autonómicas del 2019.

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