La progre del PP que se hace la rubia

Cifuentes ha salido indemne de los graves casos de corrupción que han afectado a dirigentes de su partido

CIFUENTESH

madrid / la voz

Se afilió con solo 16 años a las Nuevas Generaciones de Alianza Popular y, desde entonces, ha militado en esta formación política y en su sucesora, el PP. Sin embargo, Cristina Cifuentes (Madrid, 1964) representa la nueva imagen de un partido y una comunidad anegados por la corrupción bajo los mandatos de Esperanza Aguirre e Ignacio González. Pasa por ser la progre del PP, y ejerce como tal, en la línea de lo que representó durante muchos años Alberto Ruiz-Gallardón. A pesar de su larga trayectoria política, ha logrado salir indemne de la corrupción y de la guerra de facciones que han dividido al PP, las que comandaban Ignacio González y Francisco Granados.

La salvadora

Y ahora emerge como la salvadora que puso en manos de Anticorrupción los presuntos desmanes del expresidente madrileño en el Canal de Isabel II y que va a limpiar al PP de la comunidad de corruptos. La oposición cree que no tenía otro remedio que denunciar a González para evitar que la porquería de este le cayera encima. Según fuentes conocedoras del caso, la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil investigaba a González casi desde un año antes de que Cifuentes acudiera a la Fiscalía, algo inédito en el comportamiento del PP nacional en otros casos.

Hija de un general de artillería y de una ama de casa, Cifuentes se declara liberal, aunque desde hace más de 25 años ocupa cargos públicos; republicana, pero dice que no es el momento de instaurar la tercera porque la monarquía está consolidada; y agnóstica, aunque subvenciona generosamente a colegios privados y concertados católicos y marca la casilla de la Iglesia en el IRPF. Los cinco tatuajes que tiene en su cuerpo le otorgan un toque de modernidad en un partido conservador y su condición de motera, que ha dejado de lado por el accidente que sufrió hace cuatro años, la acercan a los sectores más populares. Pero, al mismo tiempo, es una gran aficionada a algo tan tradicional como los toros.

En todo caso, en una reciente entrevista, dejó clara cuál es su ideología. «Me parece algo ridículo que digan que soy de izquierdas; no tengo absolutamente nada que ver con la izquierda, yo defiendo la bajada de impuestos, la libertad de elección, la educación concertada sostenida con fondos públicos, la libertad de horarios comerciales...», aseguró.

Porque Cifuentes se mueve como pez en el agua de esas aparentes contradicciones. Guiños al electorado de centro y progre (apuesta por la gestación subrogada, favorable a la eliminación de los aforamientos y de las primarias, partidaria de la ley de plazos del aborto y del matrimonio homosexual) sin separarse del electorado tradicional del partido, aunque irrite a la derecha extrema. Pero hay que recordar que Cifuentes hizo sus primeras armas como tertuliana televisiva, una de las palancas de su fulgurante ascenso, en Intereconomía y en 13 TV, las dos cadenas más a la derecha.

Su nombramiento en enero del 2012 como delegada del Gobierno en Madrid fue un punto culminante en su carrera, su salto a la fama, aunque también recibió duras críticas por la represión policial de las protestas callejeras ciudadanas en los años más duros de la crisis económica.

En agosto del 2013, un gravísimo accidente de moto en Madrid estuvo a punto de costarle la vida. En marzo del 2015 Rajoy decidió nombrarla candidata a la presidencia de Madrid, postergando a Ignacio González, ante las acusaciones de corrupción que ya pesaban contra él. Ganó las elecciones, pero sin mayoría absoluta, lo que hizo que tuviera que pactar con Ciudadanos, que le impuso sus condiciones en materia de regeneración. En solo dos años de legislatura, el 40 % de los integrantes del grupo popular en la Asamblea regional se han visto obligados a dejar sus escaños, 20 diputados de un total de 48. Otros cuatro están en la cuerda floja, pero se mantienen en sus puestos al no haber sido aún investigados. La mayoría de los parlamentarios (12) renunciaron para cumplir el régimen de incompatibilidades puesto en marcha por el PP de Madrid, que pretende evitar la acumulación de cargos.

Hace unos días Cifuentes desveló un componente de su estrategia: «Cuando te reúnes con hombres y te haces la rubia, pero sin bajar la guardia, consigues muchísimo más». Acto seguido, defendió el papel «muy importante» del feminismo para lograr la igualdad, pero consideró que «esa fase ya está superada» y añadió que «el problema del feminismo tradicional es que en algunas ocasiones se ha identificado con la defensa de las mujeres, pero a costa de ir en contra de los hombres». Estas manifestaciones provocaron críticas de políticos y feministas. Pero dan pistas sobre la forma de hacer política de Cifuentes, que supo pasar inadvertida durante mucho tiempo (seis legislaturas), sin decantarse por ninguna facción y sin que sus jefes le dieran demasiada importancia. Ahora aparece inmaculada para liderar la lucha contra la corrupción que ha saqueado la comunidad a través de tres tramas corruptas: Gürtel, Púnica y Lezo.

Aspirante a la Moncloa

Ha logrado quitarse de encima a Esperanza Aguirre, desactivar el aguirrismo y convertirse en una más del reducido grupo de aspirantes a suceder a Rajoy, en el que están Alberto Núñez Feijoo, Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal. Cuenta con el apoyo expreso del presidente del Gobierno, a quien le interesa potenciar su figura como símbolo de renovación del partido. Pero se ha granjeado enemigos internos muy poderosos, que esperarán su momento agazapados. «Mi única aspiración es terminar la legislatura en la Comunidad de Madrid», declaró ayer. ¿Se estará haciendo la rubia?

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