Iglesias solo convenció a los independentistas

El líder de Podemos se esfuerza en escenificar su acercamiento al «nuevo PSOE» de Sánchez para paliar el fracaso de su moción, que Rajoy interpretó como un rechazo a los extremistas

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Madrid / La Voz

Como estaba previsto, Pablo Iglesias solo logró convencer a los independentistas de ERC, a EH Bildu, los herederos de Batasuna, y a su aliado electoral Compromís para que votaran a favor de su moción de censura, la tercera de la democracia. El resultado fue de 82 síes, solo 15 más que los de su propio grupo, 170 noes y 97 abstenciones, de los socialistas, el PNV y el PDECat. Contrasta este pobre respaldo con los 152 votos a favor que cosechó Felipe González en su moción de censura contra Adolfo Suárez en 1980, que Iglesias había puesto como ejemplo.

El candidato imposible a la presidencia del Gobierno reiteró sus llamamientos al acuerdo y sus guiños a los socialistas para tratar de paliar el revés parlamentario que muestra su incapacidad para recabar apoyos. Pero, más allá de un acercamiento formal, no logró su compromiso para derribar a Mariano Rajoy mediante otra moción de censura.

Mesura

Toda la mesura y el comedimiento que manifestó con el portavoz socialista, José Luis Ábalos, que sin embargo no ocultó su desconfianza hacia su nuevo tono y le volvió a reprochar su no a la investidura de Pedro Sánchez en marzo del 2016, se convirtió en agresividad en el duro intercambio de golpes que mantuvo con el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, del que dijo solo sirve para ser el «escudero del PP».

Pero Iglesias prefirió aferrase a las coincidencias con el PSOE y no en las diferencias. Y, como colofón al debate y para escenificar el nuevo tono con los socialistas, se acercó al escaño de Ábalos para estrecharle la mano.

Pese a su contundente derrota, Iglesias presentó su iniciativa como una victoria política que abrirá acuerdos en el futuro con el «nuevo PSOE». «Entre votos a favor y abstención hay mayoría suficiente para echar al PP, creo que hemos tendido puentes para lograrlo y ojalá podamos hacerlo antes de Navidad», afirmó tras la finalización del debate, agarrándose a que la moción obtuvo 170 votos en contra. Pero el debate dejó claro que existe una mayoría que censura la gestión de Mariano Rajoy, pero tan heterogénea que hace casi imposible un acuerdo para derribarlo. Para crear esa mayoría alternativa se requerirían los votos de los independentistas catalanes, que se quieren marchar de España este mismo año. Una suma que conduce al mismo callejón sin salida del que ya no supieron salir Sánchez e Iglesias en el pasado.

Cara y cruz para Iglesias

El líder de Podemos logró acaparar el protagonismo y ganar visibilidad durante dos días y presentó su versión más moderada, para contrarrestar la radicalidad que, según las encuestas, le ha hecho perder votos y ser el dirigente de los grandes partidos peor valorado. Pero es muy dudoso que ganara la batalla política, que era su objetivo, ya que no logró coronarse como líder de la oposición, en ausencia de Pedro Sánchez (al que se vio obligado a reconocer como tal porque encabeza la segunda fuerza política), recibió críticas muy duras de los demás grupos y no consiguió colocar ninguna de sus propuestas en la agenda política.

Rajoy, que se empleó a fondo en la primera sesión contestando a la portavoz de Unidos Podemos, Irene Montero, y a Iglesias, y ayer solo apareció al final del debate, salió vivo de la moción de censura, aunque tuvo que aguantar durante horas el relato de los casos de corrupción que afectan a su partido. En todo caso, el presidente del Gobierno, que tiene asegurada la aprobación de los Presupuestos del 2017, ha comprobado las diferencias que separan a los demás partidos para derribarlo, aunque también el nuevo clima entre los socialistas y Podemos. Al término del debate, se congratuló de que una «inmensa mayoría» del Congreso rechazara la moción de «radicales, extremistas y personas con comportamientos bastante poco saludables para el tiempo que vivimos».

El jefe de gabinete de Rajoy se corrigió después de votar sí

El jefe de gabinete de Mariano Rajoy, uno de los responsables de la estrategia del presidente, patinó ayer en la votación de la moción de censura y se pronunció inicialmente a favor de la iniciativa de Podemos. «No», corrigió con rapidez ante el aviso de su compañera de bancada, Celia Villalobos, quien le agarró del brazo para que se percatara del error. El desliz fue acogido con risas en el Grupo Parlamentario Popular y en el resto del hemiciclo. «Tendiendo puentes», bromeó Jorge Moragas.

El PSOE se abre a pactos con Podemos, pero no se compromete a otra moción

Cambio de tono entre ambos partidos, que se tienden la mano para trabajar juntos

enrique clemente

Pablo Iglesias aparcó ayer los duros ataques que prodigó en el pasado reciente a los socialistas, que alcanzaron el punto álgido cuando dijo que Felipe González tenía el pasado manchado de cal viva, y, en un tono conciliador y condescendiente, se empleó a fondo para tratar de atraerlos, con reiterados llamamientos a trabajar juntos, desde este mismo verano, para sacar a Mariano Rajoy de la Moncloa mediante otra moción de censura. «Estamos dispuestos a ser todo lo generosos que toque», afirmó. «Con todo lo que compartimos se puede imaginar un tipo de entendimiento bueno para todos», señaló. Incluso mostró su «enorme respeto» por el PSOE y valoró positivamente la gestión de los Gobiernos de González en los años ochenta.

El debutante portavoz socialista, José Luis Ábalos, aceptó trabajar con Unidos Podemos en el Congreso, pero no se comprometió a que Pedro Sánchez presente otra moción, y mostró su desconfianza por el súbito acercamiento de Iglesias. Además, le criticó que su iniciativa, no negociada previamente, que ha ignorado al principal partido de la oposición y que estaba, por tanto, destinada al fracaso, haya servido para fortalecer a quien pretendía censurar.

Iglesias anunció su moción cuando el PSOE estaba inmerso en unas primarias fratricidas. Su cálculo era que Susana Díaz ganaría y podría desgastar al PSOE echándole en cara la abstención que permitió a Rajoy seguir en la Moncloa y emplear el mantra de la triple alianza (PP, PSOE y C’s). Pero venció Pedro Sánchez y tuvo que cambiar de estrategia. Del palo a la zanahoria.

Pero Ábalos, que será el número dos de Sánchez, la puso en cuestión. De entrada, tirando de un argumentario interno de Podemos que sostenía, tras la elección de Sánchez, que su objetivo real no era tanto echar al PP, sino liderar la ola de indignación y frenar al PSOE. Agradeció el cambio de tono de Iglesias, que dijo era mejor que los insultos del pasado, señaló que su grupo coincidía con él en el diagnóstico de la situación y que en las propuestas no discrepan tanto. Y recogió el guante que le lanzó, pero solo para construir «mayorías alternativas» que permitan «revertir los recortes sociales y de libertades» y «desmontar» así «las medidas más injustas y lesivas» del Gobierno. Pero no para presentar una moción de censura, como le pidió su interlocutor.

A pesar de la «clara reprobación y la aplicación de un correctivo político» que dijo merece Rajoy, defendió la abstención y dejó caer que la moción de censura requería un programa de gobierno y un liderazgo «verosímiles y viables», porque un «uso impropio o inadecuado de este instrumento parlamentario puede ser precisamente que el censurado sea finalmente el propio candidato y que quien es objeto inicial de la censura vea reforzada la estabilidad de su Gobierno».

Además, Ábalos le recordó a Iglesias que votó en contra de Sánchez en marzo del 2016 y enumeró varias propuestas anunciadas por él que estaban en el pacto con Ciudadanos. «A veces abstenerse tampoco es tan grave», dijo en referencia a aquella votación. Fue más allá. Dejó claro que el PSOE discrepa totalmente de Podemos en la cuestión catalana, en su defensa del derecho a decidir y del referendo de autodeterminación que defiende Iglesias.

 

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